En definitiva Aristóteles nos
ha demostrado que la equivocidad del ser, es una cualidad del ser que no
podemos obviar. De la misma manera, comparto esa preocupación en torno a la
limitación a la que nos enfrentamos al intentar hablar del ser. En esta
búsqueda hacia el ser buscamos estar tan cerca del mismo como nos sea posible para experimentar y salir de
toda esa red de dudas que al final resultan nos alejándonos del ser en sí.
Pienso que la multiplicidad es
lo que se quiere rescatar y sobre todo, lo que se quiere resaltar. La
multiplicidad no significa caos, desorden u oscuridad, no se trata de ver al
ser como inalcanzable o imposible de aproximación; la multiplicidad es simplemente
la variedad de la que el ser está compuesto. Mientras tanto a mí me sigue
resonando la frase “El ser se dice de mucha maneras”, pero no como una idea
problematizadora que entorpece todo tipo de acercamiento con el ser, esta frase
es ahora más bien un alivio, un recordatorio de que no existe solo un camino
hacia el ser, y lo más importante es que lo principal que debe ser mencionado
es que lo que cuenta es recorrido hacia el ser. La sustancia es lo que buscamos
para de cierta forma identificar al ser, pero esta no se nos revela como valla
publicitaria con luces de neón, la sustancia requiere un poco más de camino
recorrido, requiere empaparse con la lluvia del recorrido hacia el ser.
En fin, considero valioso
entonces que recordemos alejarnos de los absolutos, así como lo hace la
filosofía tal vez sin querer. No busquemos, o pretendamos absolutizar, normatizar
o categorizar procedimientos hacia el ser puesto que lo importante es el recorrido,
y en ese caso los múltiples recorridos.