miércoles, 1 de marzo de 2017

Reflexión acerca del El Sofista de Platón


            En su obra El Sofista Platón  desarrolla su dialéctica. Esta dialéctica consiste en la realización de que el ser limita (es una forma de decir) con el no ser y por ello necesariamente lo implica. O sea, y tal vez una manera reduccionista, el ser está relacionado con el no ser y para que sea debe haber un ser y así infinitamente. Tiene por lo menos dos diferencias de la dialéctica hegeliana (y marxista por asociación) y son estas: la logica platónica es estática. El ser y el no ser no implica cambio ni movimiento. Esto tiene repercusiones en su pensamiento como la concepción de dos mundos diferentes que están relacionados por la idea del Bien, donde la dialéctica entre ser y no ser puede existir. La otra diferencia es la percepción dualista. Como habíamos mencionado antes, la dialéctica de Platón solo relacionan el ser y el no ser. Hegel había pensado en tres aspectos: abstracto, dialectico y especulativo. Estos funcionaban de tal manera que su sucesión generaba (o por lo menos explicaba) el movimiento. Estoy seguro que muchas personas podrían detallar, e incluso argüir más puntos en los son diferentes. Me basta con solo estas dos para seguir adelante con esta reflexión. La dialéctica Platón nos sitúa delante de un pensamiento completamente estático, un mundo que ya no podemos aceptar por cuestiones históricos. En cambio, con Hegel el mundo está en constante cambio, o dicho de una manera totalizante, el mundo es cambio. “Todo cambia”, un dicho muy común en esta época. Es parte de la cultura general (por lo menos en Latinoamérica donde se tocó música trova o música de protesta en abundancia). Estas dos dialécticas presentan problemas en sus extremos, o sea sus respectivas relaciones con el cambio. En mi opinión, estas explicaciones del ser, o mejor, estas concepciones solamente ontológicas del ser (y del no ser) condicionan el conocimiento de la realidad y la tergiversan. No, no la tergiversan porque para ello debe haber una realidad. Una y no múltiples como los entes sino que abarque todo y no salga de este porque todo y realidad  son lo mismo. Y aquellos que duden de esto no son sino aquellos que experimentan un objeto a la vez. Creyendo que el ser es ente solamente en tanto que el ente es, no logran comprender que lo que es no es ente sino ser (está claro que hay una predilección). Y el ser no es más (no trasciende) que el conocimiento; conocimiento de los entes, ya sea múltiples como particulares, que son y lo hacen todo, incluyéndonos en él. Y este hacer no es sino cambio, movimiento de un ser con autonomía, vida propia pero no parcial porque le da la vida al todo y todo le da la vida. Por eso parece lo particular como particular porque tiene autonomía pero no es el hecho de poseerla sino saber de dónde surge. Y a la suma de autonomías que se halla en todo el todo le llamo, como muchos le llamaron antes, armonía. Puesto que en el todo se halla (aunque sea por apariencia) en orden. Lo parcial, tomándolo como parcial, posee autonomía pero se vuelve caótica puesto que de una parte no puede salir orden para un todo. La armonía es el punto medio entre la dialéctica platónica (estática) y la hegeliana (dinámica) puesto que acepta el movimiento de la autonomía, la misma autonomía que conllevan los aspectos de Hegel para que se sucedan, y a la vez limita con el no ser al ser todo. Fin.

comenten, comenten, comenten

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.