Reflexión acerca del El Sofista de Platón
En su obra El Sofista Platón desarrolla
su dialéctica. Esta dialéctica consiste en la realización de que el ser limita
(es una forma de decir) con el no ser y por ello necesariamente lo implica. O
sea, y tal vez una manera reduccionista, el ser está relacionado con el no ser
y para que sea debe haber un ser y así infinitamente. Tiene por lo menos dos
diferencias de la dialéctica hegeliana (y marxista por asociación) y son estas:
la logica platónica es estática. El ser y el no ser no implica cambio ni
movimiento. Esto tiene repercusiones en su pensamiento como la concepción de
dos mundos diferentes que están relacionados por la idea del Bien, donde la
dialéctica entre ser y no ser puede existir. La otra diferencia es la percepción
dualista. Como habíamos mencionado antes, la dialéctica de Platón solo
relacionan el ser y el no ser. Hegel había pensado en tres aspectos: abstracto,
dialectico y especulativo. Estos funcionaban de tal manera que su sucesión
generaba (o por lo menos explicaba) el movimiento. Estoy seguro que muchas
personas podrían detallar, e incluso argüir más puntos en los son diferentes.
Me basta con solo estas dos para seguir adelante con esta reflexión. La
dialéctica Platón nos sitúa delante de un pensamiento completamente estático,
un mundo que ya no podemos aceptar por cuestiones históricos. En cambio, con
Hegel el mundo está en constante cambio, o dicho de una manera totalizante, el
mundo es cambio. “Todo cambia”, un
dicho muy común en esta época. Es parte de la cultura general (por lo menos en Latinoamérica
donde se tocó música trova o música de protesta en abundancia). Estas dos
dialécticas presentan problemas en sus extremos, o sea sus respectivas
relaciones con el cambio. En mi opinión, estas explicaciones del ser, o mejor,
estas concepciones solamente ontológicas del ser (y del no ser) condicionan el
conocimiento de la realidad y la tergiversan. No, no la tergiversan porque para
ello debe haber una realidad. Una y no múltiples como los entes sino
que abarque todo y no salga de este
porque todo y realidad son lo mismo. Y
aquellos que duden de esto no son sino aquellos que experimentan un objeto a la
vez. Creyendo que el ser es ente
solamente en tanto que el ente es, no
logran comprender que lo que es no es
ente sino ser (está claro que hay una predilección). Y el ser no es más (no
trasciende) que el conocimiento; conocimiento de los entes, ya sea múltiples
como particulares, que son y lo hacen todo, incluyéndonos en él. Y este hacer no es sino cambio, movimiento de
un ser con autonomía, vida propia pero no parcial porque le da la vida al todo y todo le da la vida. Por eso parece lo particular como particular
porque tiene autonomía pero no es el hecho de poseerla sino saber de dónde surge.
Y a la suma de autonomías que se halla en todo el todo le llamo, como muchos le llamaron antes, armonía. Puesto que en el todo
se halla (aunque sea por apariencia) en orden. Lo parcial, tomándolo como
parcial, posee autonomía pero se vuelve caótica puesto que de una parte no
puede salir orden para un todo. La armonía es el punto medio entre la
dialéctica platónica (estática) y la hegeliana (dinámica) puesto que acepta el
movimiento de la autonomía, la misma autonomía
que conllevan los aspectos de Hegel para que se sucedan, y a la vez limita con
el no ser al ser todo. Fin.
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