Reflexión
3: Sobre el Poema de Parménides
Los pocos fragmentos que se conocen
actualmente del famoso poema ontológico que escribió alguna vez el filósofo Parménides
componen la obra clásica estudiada enormemente durante años por expertos,
eruditos y profesionales. Sin embargo, no estamos aquí para elogiar ni siquiera
apreciar el intento de responder la pregunta del ser. Podríamos detenernos en
la fútil observación de que responde el filósofo a la pregunta de lo que es. Lo
que es es el ser. No podemos
considerar tampoco ignorar que el no ser no
es. Básicamente esto es lo que genero la consecuente fama que le ha
perdurado hasta nuestros días. Pasemos a lo que realmente importa. La
perspectiva ontológica que toma Parménides se acerca más a la descripción del
ser y lo que podemos saber de este antes de profundizar en su diversidad
aparente. Tal vez una explicación de cómo el ser aparenta ser diverso, plural,
cambiante y particular, a pesar de ser presente, continuo, finito e inmóvil
como lo expresa José Gaos en las notas de su Antología Filosófica. Esa pieza que buscamos para comprender a
Parmenides puede estar perdida en uno de los fragmentos olvidados de la obra
pero hay que reconocer que es de vital importancia, en especial, cuando
llegamos a las ciencias como la matemática o la astronomía. Las disciplinas que menciona Parménides involucran
dos cosas: una serie de entes como objeto de estudio, desde abstractos hasta
materiales. No podemos saber con seguridad y certeza si el ser descrito por Parménides
es realmente como es o dice ser. Voy
a enunciar aquí mi intención principal: dudar del conocimiento del ser como
alguna vez pudo haberlo hecho Kant al sumirse en plena subjetividad, consecuencia de su pensamiento (como el cáncer
al estar tanto tiempo cerca de la radioactividad sin uno saberlo), y negar (o
negar por consecuencia) una realidad
objetiva. Por supuesto que hay quien argumente que se conoce y ese conocimiento
tiene que ser de algo. O sea, que aquello que es
es aquello de lo que somos conscientes si lo vemos de una manera reducida.
Luego se podría afirmar que hay datos ocultos a nuestra consciencia (Freud,
Marx, Nietzsche). De ahí que se pueda dudar acerca de la credibilidad que
tenemos del conocimiento del ser, pero una duda a la vez empírica como
racional. No se trata ahora de un rechazo al mundo exterior, sino al interior
puesto que la cuestión se cerciora sobre ella (la cuestión). Apliquemos esto
sobre Parménides y lo que obtenemos es una mirada escéptica acerca de tres
cosas:
-
No tenemos idea del si el filósofo hallo lo que hallo. Si realmente lo
experimento y lo concibió como afirma haberlo hecho.
-
No tenemos idea si la manera en que lo comunica
como lo comunica, que lo describe como lo describe, hace justicia a la manera
en que lo experimento y lo concibió.
-
No tenemos idea si nuestra noción de lo
que afirmo posee veracidad con la manera en que lo afirmo en tanto en que lo
comunico en tanto en que lo experimento y lo concibió.
Básicamente, y espero haberlo explicado de manera
concisa, esto: “No solo no existe el ser,
sino que aunque existiera, no podríamos conocerlo” (Gorgias). Por supuesto
que el escepticismo en Gorgias es más radical que el que vemos aquí pero
comparte el mismo espíritu. Todos estos conceptos basados en una relacion
intuitiva. En fin, el ser tal y como lo conocemos puede que no exista y es
cuestión de nuestro conocimiento y no del ser
que sea como es.
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