La
equivocidad de la filosofía enriquece la forma de ver la metafísica. A continuación
se explican las razones que Heidegger expone para clarificar que la filosofía
no es ciencia, puesto que es equívoca y que esto mismo no le impide perder
rumbo u objetividad.
Heidegger
indica que la equivocidad de la filosofía forma parte de la esencia de la
metafísica. Esto debe solamente ayudarnos a dejar de lado falsas expectativas. Aún
cuando la filosofía tiene aspecto de ciencia, no lo es.
De
la filosofía se duda hasta su utilidad y
se explica que los filósofos son diferentes a los demás solo en la medida en
que están rodeados de algo equívoco, lo cual es la filosofía. La supuesta
autoridad del filósofo trabaja mientras no se le entiende, porque el poder que
a este se le otorga se incrementa en tanto el problema se hace más complejo.
Una vez que se ha llegado a una solución práctica o cuasidefinitiva, como en la
ciencia, el filósofo deja de tener sentido o cabida.
La
filosofía no es ciencia porque la filosofía es equívoca, y esta cualidad es parte
de la esencia de la misma. El intentar eliminar la equivocidad de la filosofía
mediante la posibilidad de la demostración parece ser inválido, porque
Heidegger se cuestiona si lo demostrable es realmente útil. En el caso de la
filosofía no parece serlo. Lo demostrable es cómo la concretización del
estudio, la legitimación procedimental y comprobada que la ciencia ofrece para
legalizar o hacer teoría indudables. Sin embargo la filosofía no logrará
demostrar lo que es el ser, como la botánica demuestra que las hojas de las
plantas realizan la fotosíntesis, pero esto no hace de menos a la filosofía,
simplemente la hace diferente a la ciencia.
La
filosofía no es ciencia, es un pronunciamiento, una conversación a solas en lo
último y lo más extremo, la filosofía es accesible para todos. Si se encontrara
una verdad filosófica, esta sería una verdad absoluta. Sin embargo, encontrar
esta verdad filosófica es algo que aun estamos esperando encontrar. Si
comparamos la filosofía con la matemática por ejemplo, vemos que el
conocimiento matemático es el más vacio y menos vinculante con el hombre, no se
relaciona con la sustancia humana. Por el contrario la filosofía si goza de
esta cualidad de relacionarse y fundamentarse con la sustancia humana.
La
ambición por la certeza es una causa perdida, puesto que no tenemos certeza al filosofar. La verdad de
la filosofía está enraizada con la existencia humana. Aún cuando la filosofía
no es sumamente necesaria, para el filósofo que se preocupa para la existencia
humana, es indispensable. La filosofía no es seguridad ni calma, es el
torbellino al que el hombre está arrojado. La filosofía no nos orienta a
respuestas sino nos dirige a más preguntas.
Heidegger
critica la postura de Descartes puesto que su tendencia a hacer de la filosofía
un conocimiento absoluto solamente hacía que la misma filosofía estuviera fuera
de sí misma puesto que pone en cuestión la existencia del hombre. La filosofía
es algo autónomo, no es ciencia, pero puede haber ciencia porque hay filosofía.
La filosofía no es aislada, abarca todo. La filosofía toca todo pero no es
certeza de nada.
Bibliografía
Heidegger,
M. (2007). Los Conceptos Fundamentales de la Metafísica. Madrid:
Alianza Editorial.