martes, 28 de febrero de 2017

Equivocidad Justificada

La equivocidad de la filosofía enriquece la forma de ver la metafísica. A continuación se explican las razones que Heidegger expone para clarificar que la filosofía no es ciencia, puesto que es equívoca y que esto mismo no le impide perder rumbo u objetividad.

Heidegger indica que la equivocidad de la filosofía forma parte de la esencia de la metafísica. Esto debe solamente ayudarnos a dejar de lado falsas expectativas. Aún cuando la filosofía tiene aspecto de ciencia, no lo es.
De la filosofía se duda hasta su utilidad  y se explica que los filósofos son diferentes a los demás solo en la medida en que están rodeados de algo equívoco, lo cual es la filosofía. La supuesta autoridad del filósofo trabaja mientras no se le entiende, porque el poder que a este se le otorga se incrementa en tanto el problema se hace más complejo. Una vez que se ha llegado a una solución práctica o cuasidefinitiva, como en la ciencia, el filósofo deja de tener sentido o cabida.

La filosofía no es ciencia porque la filosofía es equívoca, y esta cualidad es parte de la esencia de la misma. El intentar eliminar la equivocidad de la filosofía mediante la posibilidad de la demostración parece ser inválido, porque Heidegger se cuestiona si lo demostrable es realmente útil. En el caso de la filosofía no parece serlo. Lo demostrable es cómo la concretización del estudio, la legitimación procedimental y comprobada que la ciencia ofrece para legalizar o hacer teoría indudables. Sin embargo la filosofía no logrará demostrar lo que es el ser, como la botánica demuestra que las hojas de las plantas realizan la fotosíntesis, pero esto no hace de menos a la filosofía, simplemente la hace diferente a la ciencia.

La filosofía no es ciencia, es un pronunciamiento, una conversación a solas en lo último y lo más extremo, la filosofía es accesible para todos. Si se encontrara una verdad filosófica, esta sería una verdad absoluta. Sin embargo, encontrar esta verdad filosófica es algo que aun estamos esperando encontrar. Si comparamos la filosofía con la matemática por ejemplo, vemos que el conocimiento matemático es el más vacio y menos vinculante con el hombre, no se relaciona con la sustancia humana. Por el contrario la filosofía si goza de esta cualidad de relacionarse y fundamentarse con la sustancia humana.

La ambición por la certeza es una causa perdida, puesto que  no tenemos certeza al filosofar. La verdad de la filosofía está enraizada con la existencia humana. Aún cuando la filosofía no es sumamente necesaria, para el filósofo que se preocupa para la existencia humana, es indispensable. La filosofía no es seguridad ni calma, es el torbellino al que el hombre está arrojado. La filosofía no nos orienta a respuestas sino nos dirige a más preguntas.

Heidegger critica la postura de Descartes puesto que su tendencia a hacer de la filosofía un conocimiento absoluto solamente hacía que la misma filosofía estuviera fuera de sí misma puesto que pone en cuestión la existencia del hombre. La filosofía es algo autónomo, no es ciencia, pero puede haber ciencia porque hay filosofía. La filosofía no es aislada, abarca todo. La filosofía toca todo pero no es certeza de nada.

Bibliografía

Heidegger, M. (2007). Los Conceptos Fundamentales de la Metafísica. Madrid: Alianza Editorial.


Recorrido del Ser dese Mata Gavidia

Aproximarse al ser significa hacer un recorrido hacia él. Es dejarse llevar en el mar de las partes que componen al ser. En este mar no se trata de detenerse a tratar de comprender cada ola y cada corriente, porque estos elementos o partes del mar pueden distraernos de lo que en realidad buscamos contemplar y en lo que queremos adentrarnos, lo cual es el mar/ser. Así Mata Gavidia nos recuerda que el todo no puede aislar a sus partes, porque así ya no es un todo.
Al tratar de entender las partes del ser no nos aproximamos al ser en sí, por ello si nos enfocamos en  buscar a los entes, solo nos acercamos a las partes o sentidos del ser, y lo que realmente debemos hacer es buscar el ser de los entes. “El SER es lo que hace posible la individuación y trascendencia en el ente, y sin ese proceso permanente el ente no tendría sentido, como no lo tendría tener ojos” (Mata, 1985) Cada uno de nosotros vivimos aprovechando nuestros recursos. Si tenemos manos, creamos; si tenemos pies, nos movemos; si tenemos herramientas, construimos. El ser hace posible al ente, y el ente requiere de un ser, esto  significa que ambos se necesitan pero no son lo mismo. Gracias a esta relación hay razón para aprovechar nuestras posibilidades, para aprovechar esta mutua cooperación.
Cuando Mata dice que “El ser es vida en el ente, es  requerimiento de transformación, y de conservación en su significatividad existenciaria” (Mata, 1985) podemos comprender que el ser y el ente son uno, no uno mismo como ya se indicaba, sino un todo.  No se debe destruir o fragmentar para entenderse sino esta relación debe ser tomada como un todo, como el ser.  

En esta búsqueda del ser, definirle es solo repetir comodidades y la repetición ha sido un veneno para el descubrimiento, ha sido la ciega confianza y conformidad. Este problema sucede cuando definimos sin experimentar. Como Mata indicaba, si lo que se define no se experimenta, no se está definiendo bien. Este ha sido uno de los grandes desvíos en el recorrido hacia el ser.
Enlazar aquí el quehacer de la metafisica resulta fácil puesto que la repetición no debe ser la meta ultima, sino lo deber ser la investigación, la experiencia y la búsqueda constante. Estos tres deben ser los motores en este viaje hacia el SER. Por supuesto justo con este carácter que investigativo está el afán de saber del hombre, y no solo saber por saber, si no como Mata explicaba,  la insatisfacción por lo que se sabe y por lo que falta por conocer, es un motor de búsqueda.
Esta curiosidad de un conocimiento que el hombre necesita para aprender a sobrevivir, no es la misma ambición profundizante del conocimiento que nos lleva a la exhaustiva contemplación. La segunda no es realmente una necesidad esencial, es casi un lujo que aquellos ociosos pueden darse, y es la razón por la que nos perdemos en el camino del ser.

Bibliografía

Mata, J. (1985). La Metafísica, periplo del ser . Guatemala: Universidad de San Carlos.


domingo, 26 de febrero de 2017

Tercer texto Paulina

SOBRE PARMENIDES…

En esta ocasión, desarrollare mi texto sobre mi lectura del poema de Parménides “Sobre la naturaleza”. En la primera parte del texto, es una introducción en la que Parménides narra la historia donde las hijas del sol y la diosa de la verdad, viajan en un carruaje tirado por veloces yeguas. La Diosa de la verdad muestra tres caminos distintos. De esta primera parte podemos resaltar como la verdad se presenta como una puerta que se abre. La Diosa de la verdad explica como el camino que eligió, no es un camino para todos los hombres sino, que requiere de vocación al elegir el camino de la ley y la verdad. Esa sección me pareció bastante inspiradora.

 En el texto se ve como Parménides se dirige a un alumno suyo y como le explica la esencia de su filosofía. El maestro le dice al alumno que hay dos vías de investigación, una que es la verdadera, es la del ser y la segunda la del no-ser es totalmente impracticable. Esto lo realiza basándose en la historia anterior.

Para Parménides el pensar y el ser son lo mismo pues todo lo que se puede pensar es.
Sumado a esto, se hace clara alusión a la Filosofía de Heráclito, tachándose a este como “ignorante, bicéfalo, gente sin juicio”.
Así Parménides se dirige a su alumno diciéndole que se aparte de la vía de Heráclito y juzgue con la razón la que él propugna:
El ser es único, eterno, inmutable, ilimitado e inmóvil.

El ser no nace ni muere, pues si el ser nace, antes de nacer ¿Qué era? Pues si no era ser, del no-ser no puede aparecer el ser pues este no es ser, y si antes de nacer era no ha nacido pues ahora sigue siendo. De igual modo no puede morir, porque si muere ¿Qué es? Si es ser, ahora también es ser y, por tanto, no ha muerto y si es no-ser, ¡esto es imposible! porque lo que es ser no puede ser no-ser, por todo esto el ser no nace ni muere es eterno.

El ser es inmutable puesto que si es ser no puede ser no-ser, así que si el ser cambia deja de ser y si no es pasa a ser no-ser y como si se es ser no se puede ser no-ser el ser es inmutable, es decir, no puede cambiar o mutar.


En resumen, para Parménides el pensamiento tiene y ha de tener un objeto real. El ser puede ser pensado, pero no equivale a una idea sino es un ser (material). El ser se describe como una esfera, no tiene principio ni fin, está completo por todas partes; más allá de él no hay nada.

Segundo Texto Paulina

No más enredos… O al menos unos cuantos menos…


En el texto de Mata se menciona como la palabra es necesariamente metafísica, es una apertura del ser, ya que la experiencia de la palabra va más allá del sonido “La palabra va más allá de ella misma”. Al inicio está frase me pareció confusa, pero tras discutirla en clase me percate que se ajusta perfectamente con el planteamiento que plasme en mi primer texto. En mi primera reflexión sobre los textos de Mate, resalte esa necesidad de hablar sobre el discurso como promotor del ser y Mata, retoma la palabra y su trascendencia en relación con el ser, a pesar de que no se detiene mucho tiempo en el tema si menciona como la palabra puede sustituir a un objeto, nos presenta la palabra como el medio de abstracción a un espacio metafísico de los objetos físicos.  Mata agrega un nuevo concepto la “expresión” que no es un añadido característico de la palabra, sino que esta da sentido a la palabra, sin esta no hay manera de que la palabra funcione como tal. Los hombres se comunican precisamente por medio de ex presiones de ideas.
La palabra expresión se utiliza precisamente porque se des oprime, saca lo oculto de nuestro pensamiento y lo expone; menciona también que la expresión le permite al ente no solo exponerse frente al otro, sino que también rompe el caudal de mi propio ser y lo multiplica. La palabra y el discurso siguen entonces siendo un tema de relevancia para la metafísica y el ser.  

En el texto de Heidegger también se menciona el lenguaje, pero en vez de sumarnos más complicidad en los enredos que nos embarca el lenguaje, trata de apartarlo, de sacarlo un poco del juego., El capítulo se llama Rodeos para la determinación de la metafísica. A lo largo de este segmento van surgiendo interrogantes en efecto domino, se indaga sobre una palabra y se define con otra y sobre ese otro concepto se vuelve a indagar. Heidegger nos hace ver como en vez de definir que es la metafísica, tratamos de extraer su esencia por medio del comentar todo lo que no es.

Sin duda Heidegger, no alivio mis dudas, pero me encamino en mi intriga. Ya que comenta como en meternos a enredos lingüísticos resulta innecesario, y que a veces la palabra, a pesar de que nos permite expresarnos; se presta a enredos sin sentido y dirección sobre los cuales se puede divagar mucho.


Los puntos fundamentales de Heidegger son técnicamente la imposibilidad de encasillar a la metafísica, y nos trata de abrir un horizonte para la misma. La filosofía metafísica más que un dilema, o una ciencia es una actividad, es un sentimiento, es la necesidad de sentirse en casa por doquier,

Primer texto Paulina


DE LO QUE NO SE HABLA…

Aproximarse a la metafísica puede, o no, ser una de las tareas más difíciles a las que un filo-filosofo, puede afrontarse. La metafísica nos ha seguido a lo largo de la historia de la filosofía, nos asecha, como la huella a Derrida, como el Otro a Lacan, como el fuego a Heráclito. El ser, dicho de tantas maneras, pareciera tornarse en un concepto casi indefinible, casi inabarcable, infinito.

Muchos filósofos se han dado la tarea de definirlo. Sin embargo, Gallo en su texto “El ser y el logos”, resalta la multiplicidad del ser, y como el esfuerzo de reducirlo a un ser univoco pareciera ser en vano.
Dejando por un lado la divagación y el retorno a posturas ya establecidas, trataré de plasmar, al estilo de Gallo, las concepciones que he construido al rededor del ser, en base a mi experiencia. El ser, verbo y sustantivo es la esencia, la esencia de todas las cosas que nos rodean, que son. ¿Pero cómo aproximarnos a esas cosas, como definirlas? El ser es, y no es; cómo podemos ver   él “es” se encuentra implícito en ambos planteamientos. El logos es la herramienta para aproximarnos al ser, y el medio que este utiliza para plasmarlo es el lenguaje. La filosofía, ha dejado de ocuparse del discurso de las cosas para problematizar el discurso del discurso, el SER, es un discurso, ya establecido. Y el discurso es un ser también. Los problemas que giran alrededor del ser son problemas del lenguaje, así como los problemas que giran alrededor del lenguaje son problemas del ser.
Definimos y conocemos, todo, todo lo que es, y todo es, pero sin lenguaje seriamos incapaces de conocerlo, de hablar de ello, de nombrar lo.
Es como si quisiéramos reformular un acertijo, ¿Qué fue primero, el ser o el discurso, la gallina o el huevo?

Como si ambos se contuvieran, se necesitarán o complementaran. El ser existe, pero ¿Existiría sin lenguaje? Y si la respuesta fuese sí ¿Cómo podríamos hablar de él definirlo o nombrarlo? ¿Qué prueba tenemos que el ser subsiste fuera del lenguaje si solo dentro de este le podemos dar forma y un espacio dentro del logos?
Todos hablan del ser, de las cosas, pero quizá antes de preguntarnos por el objeto nos deberíamos de preguntar por la manera en la que nos aproximamos a ellas. Las cosas son, pero ¿El discurso será?
Gallo nos habla de cómo el logos es la herramienta para aproximarse al ser, para comprenderlo y abstraerlo, pero no nos comenta que es lo que conforma el logos y como este subsiste.
Lo que no se habla, es precisamente del proceso de abstracción, de la herramienta, que más que herramienta, parece principio.

Paulina Mendez 


miércoles, 22 de febrero de 2017

Filosofía es filosofar

En las consideraciones preliminares de su texto “Los conceptos fundamentales de la metafísica, Heidegger valora como la doctrina central de la filosofía a la metafísica. Quizás debido al carácter general y universal que caracteriza a esta llamada “ciencia”. Sin embargo, conforme avanzamos en el texto, empezamos a cuestionarnos acerca de qué tanto tiene de ciencia la filosofía. Esto se debe principalmente a que no puede dársele un valor cien por ciento objetivo al pensamiento filosófico. Heidegger (2007) concluye que la filosofía no puede catalogarse como ciencia, doctrina, arte o religión.  Es entonces que surge la pregunta que da origen a este texto ¿Qué es filosofía?

Responder a esta pregunta no es una tarea sencilla. No solo por el hecho de tener que dar una definición, lo cual significa limitar, indicar donde comienza y termina algo. La complejidad de esto recae en que, para dar un significado de filosofía, debemos primero responder qué es ser. Es aquí en donde entra la metafísica, pues el Ser es su objeto central de estudio. El problema que surge con esto es que al ser no se le puede concebir de una sola manera. Para poder hablar del Ser es necesario que se presente de alguna manera específica. A esta manera Heidegger la denominará “Ente”, aquello que no es Ser, pero que sin este el Ser no puede comprenderse. Otra duda surge de este punto ¿de qué manera podemos acercarnos al Ser a través del Ente?

Mata y Heidegger proponen a la fenomenología como el método para enfrentarnos cara a cara al Ser. El Ser define al hombre. Es, tomando como inspiración a San Pablo, donde vivimos, nos movemos y existimos. (Mata, 1985, p. 8) Es por eso que el método fenomenológico, al darse a través de la existencia, la mejor forma de comprender el Ser. Me pregunto ahora ¿de dónde nace la experiencia? ¿Cómo conocemos?

Quizás puede responderse a estas nuevas preguntas con ayuda de Mata (1985), pues como él indica el saber es connatural al hombre, al igual que su insatisfacción por lo que sabe y lo que le falta por conocer. Heidegger menciona algo parecido al citar a Novalis, en un intento de definir la filosofía. “La filosofía es en realidad nostalgia, un impulso de estar en todas partes en casa” (2007, p. 28) Esta necesidad de estar “en todas partes” es la misma necesidad que menciona Mata. El querer conocer es algo intrínseco al hombre. Este siempre se preguntará acerca de si mismo, de lo que le rodea y de lo que desconoces.

A partir de lo dicho hasta el momento es que respondo a mi primera pregunta ¿qué es filosofía? Filosofía es el resultado del querer saber del hombre. La filosofía es algo propio del individuo. Algo que va más allá de cualquier pre-concepto o conocimiento que pueda tenerse, es algo casi instintivo. Tomando prestadas las palabras de Heidegger (2007, p. 27): filosofía es filosofar. Con esto tal vez caigo de manera accidental en la limitación que trae el querer encontrar la definición de algo. Puede que la filosofía sea mucho más que la concepción que presento, pero en ningún momento es mi intención el afirmar una verdad o significación definitiva de lo que es filosofía.

Referencias

Heidegger, M. (2007) “Consideración preliminar.” En Los conceptos fundamentales de la metafísica. Mundo, finitud, soledad. Madrid: Alianza. (pp. 23-84)

Mata, J. (1985). “La metafísica, periplo del ser”. Guatemala: USAC.


lunes, 20 de febrero de 2017

Reflexión no. 2 
Los Conceptos Fundamentales de la Metafísica”,
por Martin Heidegger

Para empezar a comprender el concepto de la Metafísica, es indispensable, según Heidegger, cuestionarnos los fines y la naturaleza de la filosofía misma y del hecho de filosofar. La pregunta, ¿Qué es la filosofía?, es complicada, porque para responderla es fácil caer en respuestas típicas y automáticas como:es una ciencia que estudia...”; o, incluso “la madre de todas las ciencias”, elevándola a un estatus absoluto en el que todos los caminos llevan hacia ella. Pero entonces, pregunta el autor, ¿no se estaría traicionando la característica más íntima de la filosofía misma? Que consiste en el cuestionar, el tomar distancia, el crear más preguntas que fracturen el panorama de esa supuesta realidad de las cosas. Por eso también es muy común compararla con el arte, (comparación que personalmente acepto con entusiasmo), ya que tiene esa capacidad de crear y recrear. También porque para filosofar se requiere de cierto ensimismamiento y así contemplar el conjunto de cosas que se quiere trabajar. Sin embargo, tampoco puede ser expresada en su totalidad de esa forma, ya que, según Heidegger: “sólo puede determinarse desde ella misma y como ella misma” (p. 25). Esto significa un estado de independencia en la que las comparaciones con otras destrezas, artes, o incluso, con la religión, se quedan obsoletas.

El concepto del arrebato como algo fundamental para filosofar es a lo que quiere llegar el autor, para que comprendamos lo necesario que es poner en tela de juicio cada una de nuestras presuposiciones sobre un concepto, una interrogante o algún cuestionamiento esencial de la filosofía. De esta manera es más factible esclarecer toda interrogante que nos planteamos hasta donde se pueda, para poder partir a una comprensión de la metafísica. 

Javier Flores
No, de Carnet 1277817 

sábado, 18 de febrero de 2017

Reflexión: Consideraciones preliminares en “Los Conceptos Fundamentales de la Metafisica”


            En sus consideraciones, Heidegger procura indagar sobre la posición de la filosofía (como metafísica) entre las distintas formas de quehacer humano. Para hacer una breve exposición de los puntos que realiza lo haremos en el mismo orden en que él lo detallo. Primero, destaco la incapacidad de la clasificación de la filosofía como ciencia, obvia referencia a su oposición a la posición de su antiguo maestro Husserl. Luego la comparad con el arte y la religión en un intento de establecer las relaciones que posee con otros ámbitos humanos. Después de esto se dedica a establecer ciertas características de lo que es la metafísica haciendo uso de la poética descripción que hace Novalis. Es en esta parte en la cual hace uso de los conceptos de mundo, finitud, aislamiento y la nostalgia que se presta del poeta para intentar (porque no se puede afirmar sin cierto escepticismo en el sentido general de la palabra) esclarecer lo que es la metafísica. Es aquí donde hacer otra crítica hacia Husserl, efímera para el lector consternado en finalizar la lectura, que se va a citar aquí: “Los conceptos metafísicos quedan eternamente cerrados a la agudeza científica, que en si misma es indiferente y no vinculante”(pag. 29). Acerca de esta supuesta observación nos detendremos para apreciarla y criticarla. Apreciarla por su rechazo a hacer uso de una perspectiva científica, a pensar como científico, cuando se filosofa. La ciencia, siendo ciencia, establece un método, guiado solamente por el criterio epistemológico, que negó la certidumbre de los problemas antiguos de la metafísica, y con ella relevo a un papel secundario a la filosofía, como alguna vez lo hicieron los teólogos en la Edad Media en Europa. Criticarla por suponer una completa incapacidad de la ciencia para adentrarse al conocimiento filosófico. La ciencia nació de la filosofía y puede volver a entrar en ella. Prueba de ello es la filosofía de la ciencia, filosofía que se ha estado desarrollando desde mitades del siglo pasado. Esta filosofía trata de abarcar los problemas que se han hallado dentro de la ciencia y que la ciencia, usando sus propios recursos, no puede resolver. Como el problema de las condiciones de los materiales utilizados en procesos científicos. Otro ejemplo es la contraposición entre la verificabilidad y falseabilidad que manifiestan el punto límite para formar un criterio acerca de que es ciencia y que no lo es. Este último problema surgió el siglo pasado, siglo en el que vivió Heidegger. Tal vez quiso establecer una posición lejos de los círculos filosóficos-científicos que se aproximaron a la cuestión, o simplemente anuncio la imposibilidad ante el asunto, imposibilidad de resolución. En fin, ya en el último acercamiento que tenemos a sus consideraciones, el afirma a la metafísica como la cuestión que se pregunta por la totalidad de nuestra propia existencia, puesto que al preguntarnos por el ser (y el ente) también nos sumamos a la pregunta como los sujetos (aquellos seres) que se preguntan por este. Y es así como se desarrolla el texto del capítulo.

martes, 14 de febrero de 2017



Texto 2º: El periplo del Ser, José Mata Gavidia; Los conceptos fundamentales de la metafísica: “Consideración preliminar”, Martín Heidegger

El problema o “aporía” que pareciese central en la lectura de ambos textos es un conflicto nominal. Con esto me refiero que el término, o sea, ser y metafísica, presenta una serie de determinaciones que continúan indefinidas hoy día en el uso cotidiano del lenguaje. El ser es término en cuanto palabra, pero como verbo infinitivo resulta paradójico que exhiba características propias de un sustantivo, ya que es el ser mismo. Esta es una repercusión fundante que marca la historia de la filosofía, y, por tanto, las visiones de Occidente en relación a las nociones del ser. Se delinean perspectivas particulares (de platónicos a aristotélicos, racionalistas a empiristas, hasta llegar Kant y Hegel) sobre la esencia residiendo <en el conjunto>, el ser de lo que impera. A esto considero que, debido a la determinación de la ‘metafísica’ como una disciplina por “ser nombre” –y abreviado (ta meta ta física) – lleva a Heidegger a realizar un análisis crítico, etimológico, gramático, filológico, lingüístico, histórico, etc., sobre la implicación de emplear un término ambiguo e indefinido desde su significante. Empero la metafísica y/o la filosofía se remite a la naturaleza como mundo, el movimiento “en lo imperante de lo que impera”, nos dice Heidegger. La experiencia de las relaciones fenomenológicas de la conciencia proyectada, desde la soledad, hacia la finitud de su mundo. Esto representa la coacción entre entes constituidos en el lenguaje: la universalidad de significaciones. Por esto entiendo el qué-hacer metafísico, como señala Mata Gavidia, resaltando que la palabra es un nacimiento intrínseco e imprescindible en el hombre, en cuanto a su insatisfacción constante de conocimiento de un horizonte histórico y presente compartido. Lo inacabable del cambiar de ángulos (periagogía o periplo) para localizar aperturas del ser mediante el lenguaje, aunque este cuestione la sostenibilidad de su significante. Expresar, en el texto de Mata, puede entenderse en clave heideggeriana como liberar-me-al-conjunto: esto es trascendencia fenomenológica en el acto descriptivo. La estrategia de voltearse hacia atrás en la historicidad de la etimología y de la gramática de la palabra, nombre, término ser, fractura la visión por el nombre –ese ser bien sostenido– en la plurisignificancia de éste en cuanto tal, a lo que Aristóteles dice: ‘el Ser se dice de muchas maneras’.
Esto afecta (y esta inflexión no es casualidad) el enfoque que de ahí hacia adelante ha determinado a la historia de la filosofía en la conceptualización del ser. Este problema por la identificación de una esencia termina bajo tela de juicio, característica de las preguntas nacidas por el ser. Comprendo que Heidegger enfatiza en estas carencias de la historia que se han dado por sentado u omitido de argumentación para reorientar “el destino de la auténtica filosofía en Occidente(Los conceptos fundamentales de la metafisica, pág. 66)[1] mediante la investigación del ser desde su expresión en el lenguaje, concerniente e inherente al ser humano. Para Mata Gavidia el ser posee ciertas cualidades epistemológicas que potencia la conciencia humana en el qué- y cómo-hacer metafísico, para el cual no le resulta ridículo relacionar que “ciencia y metafísica tiene un objeto de estudio […] También conviene apunta que deslindar ambos campos, tiene muchos problemas conceptuales, pero coincidimos en admitir que los límites de ambos aún no han sido definidos a satisfacción sus fronteras, y que cada vez más la ciencia aproxima sus linderos a los de la filosofía y ésta penetra en los de aquella(Gavidia, 1985, pág. 24)[2]. Ambas citas marcan un contrapelo en función negativa y positiva, y que su discrepancia seguramente podría haber alterado a Heidegger a tal punto de parar en seco a Mata Gavidia, debido a que el primero no se vale de ningún dato epistémico sino que explora las grietas del ser, y mejor aún, argumenta sobre el discurso que ha de emplearse en relación al conocimiento del ser, siendo esta  la vereda de la ontología débil como le llaman Vattimo y otros críticos posteriores.
En un punto si encuentro juntura en los textos, y es en el reconocimiento sobre la inacabable y multitud de aperturas (o grietas) posibles en las que el ser presenta mediante el lenguaje, y como su estudio o investigación encuentra como método idóneo la fenomenología descriptiva de carácter existencial. A lo que no es accidental que Heidegger reflexione sobre la expresión de la “asignatura metafísica” desde los conceptos mundo, finitud, soledad. Quiere dejar claro que impartir un curso (como el que está impartiendo) sobre metafísica debe comprometer a la conciencia a la realidad, en la identificación de experiencias y vivencias –en su historicidad y calidad de presente– que se posibilitan en el lenguaje por necesidad humana. El acto de alejamiento para con uno, abre entradas al/del ser mediante el lenguaje. Se revivifica en el espacio articulatorio y/o textual (descriptivo) en un intento por lo inacabable de llegar a <un> vericueto de la casa es de Novalis, y desear siempre todavía la proximidad de <otra> parcialidad. Esas son las nuevas vías que Mata Gavidia se empecina en explorar en su acción de periplo: dar la vuelta, buscar entradas-salidas. Para sintetizar un poco quizá, la periagogía aplicada con un enfoque fenomenológico permite que la experiencia de la conciencia –o mejor aún: la vivencia humana– se diversifique (“el Logos encarnado en el ser humano que piensa, quiere, actúa y siente”) para potenciar las posibilidades del ser en la naturaleza fenoménica de los entes en su relación trascendente en el lenguaje. Y que la conciencia de la experiencia del ser en el mundo resulte de un estar-inmerso (arrojado dice Heidegger) <en el conjunto>.


[1] Heidegger, M. Los conceptos fundamentales de la metafísica. Mundo, finitud, soledad, trad. A. Ciria; Madrid: Alianza, 2007. pp. 66
[2] Mata, J. “La metafísica, periplo del ser”; Guatemala: USAC, 1985 (manuscrito). pp. 24


Texto 1º: Dr. Antonio Gallo Armosino, ‘El acontecer: Cuestión de método e Introducción’; ‘Carácter de la Filosofía: Entre el Ser y el Logos’

Antes de dar los primeros pasos en su descripción, Gallo retrocede al preguntar y argumentar sobre la aplicación de un método, siendo este el punto principal que me interesa señalar. Hay que cuestionar, antes de emprender un camino posible, todo lo que forma parte de mis presaberes y el aprendizaje en lo que se dice o se ha dicho del mismo. En este caso se pregunta por su aproximación hacia el ser mediante un método efectivo y sin extravíos; a lo que un par de preguntas distingo: ¿Cómo ha conceptualiza el humano al ser, para hacerlo “llegar finalmente al lenguaje”? ¿Existe un absoluto y total concepto sobre éste, o sea, único ser indivisible? Y en caso haya chance de pluralidad en esto, ¿cuáles son los caminos más orientados? Deja clara su visión fenomenológica, que sin lugar a duda es husserliana (en el concepto de experiencia; más acá, la conciencia) como cuando dice “la proyección hacia lo dado” (Gallo, El acontecer, p. 3). A esto especulo que en el texto hay un reconocimiento de suma importancia en cuanto a la calidad consciente con la cual el hombre organiza sus experiencias inmediatas y relacionales al respecto de su contexto. La actitud fenomenológica del vivir en trascendencia continua hacia y por el mundo. Empero, en el Carácter de la Filosofía, se visibiliza una intención crítica-argumentativa a lo largo de un amplio panorama horizontal, o sea, mediante la indagación histórica sobre las nociones y preguntas efectuadas sobre el ser, hasta desembocar a su estado actual en el iniciado siglo XXI. Esto implica recorrer la diversidad de los tiempos del “pensamiento” (logos) sobre la pregunta por el ser, que emergen de un cuestionamiento constante sobre la vitalidad y/o existencia de éste  (individual o colectivo) en el humano, las cosas, las ideas y, principalmente, en sí mismo. Esto quiere decir: en todas sus dimensiones históricas y vivenciales.  A mi criterio, en esto se enfoca Gallo, por identificar o distinguir una varía posibilidad de experiencias fenomenológico-descriptivas que hagan patente las nociones sobre el ser, tanto en la historia como en la vivencia.
            En la lectura el concepto de “lo otro” no solamente reconoce la conciencia u identidad que se relaciona con el mundo, sino que también intenta abarcar la extensión de los objetos –y demás conciencias– que en el reside, lo rodean y constituyen de ella (la conciencia) su contexto u horizonte de significaciones. Han pasado casi 26 siglos de preguntas al respecto de la actualidad conceptual del término ser y la ontología ha delineado sus quasi-limite. Las preguntas surgen, de lo que yo llamaría, cual “(retro) evolución” de manera continua; esto quiere decir, que van ahondar sobre lo dicho y esbozar significaciones quizá insospechadas. Relacionándolo de otra manera, puede asimilarse como un reaprendizaje o deconstrucción de las “especulaciones dentro de la experiencia inmediata como contexto”. Lo que importa a Gallo es que el método desde el cual está vivenciando el acto textual, su descripción de trascendencia, pueda absorber de cualquier esfera del pensamiento posible: las aperturas del ser consciente. Y este es el sonido de fondo que deja el párrafo final del Cap. 2 del Carácter de la Filosofía, en el cual alude a estas “voces lunáticas” (Michael Foucault, Gilles Deleuze y Felix Guattari, Gianni Vattimo, Emanuel Levinas, etc.) para integrarse a la empresa historio-crítica sobre el carácter filosófico y metafísico que predomina en la actualidad, el carácter del presente. Cómo han sido instrumento u artilugio de los poderes que se valen de cierta plasticidad pos-fáctica para perpetuar el sistema hegemónico de masificación comunicativa de información globalizada, la sostenibilidad de una verdad sintética del ser humano como integrante de la civilización del capitalismo tardío, diciéndolo con mis palabras. Esta es la observación consciente que concierne a la realidad inmediata e histórica en la que Gallo se ve inmerso, su acontecer, a lo que apertura una serie de preguntas:

Al filósofo actual queda la tarea de escuchar las voces del hombre presente y sus angustias, para expresar el límite de lo no expresable. La experiencia del mundo y de sus fenómenos naturales, de los pueblos y sus aconteceres humanos, esperan de los filósofos, un ‘logos’, filtrado por los actuales medios expresivos de la tecnología. Cabe contestar a preguntas inmediatas: ¿Puede la ecología ser un tema filosófico para la realización de los derechos humanos? ¿El  nuevo sistema de comunicación, Facebook, Skype, Twitter, se orienta a crear un tipo de personalidad, o un ser individual, más seguro de sí y armonizado en sus intereses? ¿Puede la electrónica, como aprovechamiento de las energías lógicas de la materia,  fundar la creación de un tipo de hombre ajeno a los conflictos destructivos, y desviaciones pasionales? (Gallo, 2015)[1]
                                                                
Es un compromiso por la toma de conciencia hacia “lo dado” del pasado y el presente para su posible proyección descriptiva. En el discurso este hecho se evidencia en el intento por realizar una serie de distinciones sobre el método que cada uno (quien filosofa: de Parménides a Hegel, por ejemplo) constituye para-sí. En cada caso, la búsqueda toma caminos particulares sobre la estructura, forma y cognocibilidad del ser en cuanto tal; no obstante esto atañe a toda conciencia viviente, por lo que se torna en una cuestión universal y, por ende, limitado a mi experiencia de la realidad. No se afirma el absoluto o totalidad alguna, sino la finitud en “lo otro”, en el que renacen las significaciones individuales, remitidas a un mundo compartido.  Las relaciones producen un lenguaje, una voz, un texto, que es a lo que Gallo llama “mantener constantemente el vínculo consciente con estos datos (los de la historia y el acaecer)”. Desde la nominalización del primer texto (‘El acontecer’) hay un llamado de necesidad de parte de la realidad a la conciencia humana. Y es en este sentido por el cual el qué-hacer filosófico de Gallo, en ambos textos, se posibilita mediante una interpretación a/de fondo, valiéndose de la estrategia hermenéutica de la historio-crítica, no para proponer la completitud de significado alguno sobre el ser, sino para que de dicho acto articulatorio-descriptivo del “ahora vital o vivo” nazca de un ejercicio metafísico inacabable, más siempre retornando a su historicidad.


[1] Ambrosio, Antonio Gallo,  ‘Carácter de la Filosofía’: Entre el Ser y el Logos, pp. 51