sábado, 1 de abril de 2017

Ascenso al ser



Texto 3º: Parménides – “Sobre la naturaleza”: Ascenso al ser.

El texto se ve inmerso al lenguaje poético, lo cual convierte su referencialidad en una esencialmente simbólica (mito = mentira)|; sin embargo, hay una necesidad de enseñanza –didáctica o pedagógica quizá– de parte de Parménides en este hecho: “Ya solo un mito como camino / queda: lo que es.” Y lo que quiere dejar claro, e incluso reiterado, es la paradoja existente entre lo sostenible del ser en el ente y su estado de apariencia, pero que siempre debe ser. Pero regresemos a dos conceptos que, en el poema, pareciesen tener similitud: camino vs. sendero. El aprendiz que va siendo arrastrado por las yeguas, guiadas por un “ingenio-daimon” en términos socráticos, y que para éste es la “demonia” (¿en que se distinguen ambos conceptos?). Todo este movimiento lo lleva hacia las puertas del “conocimiento uránico”: la justicia (hogar de la diosa) es el camino último. Ambos llevan, pero solamente uno debe permanecer, y cuando Parménides habla de los “senderos de la Noche y del Día” se plantean el mundo de la luz que toca a los cuerpos, frente al sentido de la apariencia –que también es iluminado por las “seductoras” doncellas (las Heliades). Sin embargo, para Parménides debe prevalecer la inteligencia, potenciar cierto plano lógico y óntico de manera simultánea. Y también nos dice: es imposible que el pensar se separe del ente, en cuanto que aquí se contempla una contradicción enfática intencionada. Es más, para Parménides el ente es la única posibilidad en la que se puede aproximar al conocimiento (el camino), hacia la autenticidad – por poner en otras palabras, mucho más actuales– del ser. Quizá esta es la orientación hacia la “Justicia” de la que habla, cual epitome inalcanzable, sin embargo necesaria o natural al humano pensante que éste plantea poéticamente. 
Heidegger –en su afán por sumergirse en el lenguaje, para contornear el supuesto cimiento o suelo del cual el “ser” se enraíza– llega a distinguir que lo que se ha llamado y se cree llamar “ser”, desde su historicidad-temporalidad, se planta en por su esencia articulatoria. También identifica un conflicto de nombramiento, debido a lo indefinido (infinitivo) del término “metafísica”. Pero para Parménides esto es una necesidad, o sea, reconocer este dualismo en la búsqueda por el ser en/del ente. Pero mejor aún, solamente por el ser. Aunque se concentra, desde su inicio, en definir una tarea ontológica específica para el humano, en ello se deja evidencia su visión sobre el qué-hacer metafísico. Distinguir el sendero (de los “mortales no videntes” con sus “opiniones extraviadas”) y ver que lo que impera es la apariencia de lo aparente. Esto es, que se posee por naturaleza de cierta iluminación o plasticidad; más el camino es, en cuanto que solamente éste lleva al ente. Este es el guiar del logos que Parménides propone, aunque también es consciente de que padece estas apariencias. Cuando el aprendiz, o el joven iniciado, “debe” –y aquí Parménides prohíbe ciertas prácticas– buscar la ascensión del conocimiento a la verdad. Resulta irónico el método de significación simbólica en la que Parménides quiere expresar el sentido y autenticidad del ser. El motivo principal es el reconocimiento de la conciencia pensante del ente al respecto de su propio ser, según lo entiende Parménides. Y quizá también podría ser posible concebirlo cual vivencia –otra vez, con un lenguaje recontextualizado– del ente mediante el acto de inteligibilidad: “[L]a entraña inmóvil de la Verdad bien redonda.”
Aproximarse al ser del ente es, para Parménides, reconocer la identidad necesaria del mismo como pura y simplemente neutro. El camino único que conduce a la asunción de la racionalidad (con el nous activo). Esta dualidad también se presenta en el acto poético y el  intento de expresar de manera enmascarada su pensamiento o razones sobre lo que podría llamarse ahora el qué-hacer metafísico de Parménides. En cuanto que sabe haber ingresado a eso dominios inalcanzables, pero necesarios en lo que la diosa pronuncia su conocimiento. Que se ve en la figura de la luna: esto apunto al sentido de su propio ser en la (des)semejanza. Y esto sirve como excusa para relacionar racionalmente las disciplinas de diversas ciencias en la geografía, astronomía y biología, o sea, que se tocan simultáneamente de manera poética. Empero este es un acto lógico-racional. De igual modo puedo especular que esta es su conciencia sobre la “pretensión a la verdad” de su poema, que se debe a la nominalización, o nombramiento, de “las apariencias en cuanto son aparentemente”. En esto se trasluce el concepto de creencia, también enmascarado en el poema, ya que lo que puede llamar Parménides son opiniones de mortal (los bicéfalos están prohibidos a nombrar) con nous. Pero sobre todo, las apariencias de lo aparente son una creación mortal, de un dominio al que pretende la verdad. Entiendo que este jamás es entendido como un destino, o término, sino como el camino hacia el ser del ente en cuanto tal.

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