Texto 3º: Parménides – “Sobre la
naturaleza”: Ascenso al ser.
El
texto se ve inmerso al lenguaje poético, lo cual convierte su referencialidad
en una esencialmente simbólica (mito = mentira)|; sin embargo, hay una
necesidad de enseñanza –didáctica o pedagógica quizá– de parte de Parménides en
este hecho: “Ya solo un mito como camino / queda: lo que es.” Y lo que quiere
dejar claro, e incluso reiterado, es la paradoja existente entre lo sostenible
del ser en el ente y su estado de apariencia, pero que siempre debe ser. Pero regresemos a dos
conceptos que, en el poema, pareciesen
tener similitud: camino vs. sendero. El aprendiz que va siendo arrastrado por
las yeguas, guiadas por un “ingenio-daimon” en términos socráticos, y que para
éste es la “demonia” (¿en que se distinguen ambos conceptos?). Todo este
movimiento lo lleva hacia las puertas del “conocimiento uránico”: la justicia
(hogar de la diosa) es el camino
último. Ambos llevan, pero solamente uno debe permanecer, y cuando Parménides
habla de los “senderos de la Noche y del Día” se plantean el mundo de la luz
que toca a los cuerpos, frente al sentido de la apariencia –que también es
iluminado por las “seductoras” doncellas (las Heliades). Sin embargo, para
Parménides debe prevalecer la inteligencia,
potenciar cierto plano lógico y óntico de manera simultánea. Y también nos
dice: es imposible que el pensar se separe del ente, en cuanto que aquí se
contempla una contradicción enfática intencionada. Es más, para Parménides el ente
es la única posibilidad en la que se puede aproximar al conocimiento (el camino), hacia la autenticidad – por poner en otras
palabras, mucho más actuales– del ser. Quizá esta es la orientación hacia la “Justicia”
de la que habla, cual epitome inalcanzable, sin embargo necesaria o natural al humano pensante que éste plantea poéticamente.
Heidegger
–en su afán por sumergirse en el lenguaje, para contornear el supuesto cimiento
o suelo del cual el “ser” se enraíza– llega a distinguir que lo que se ha
llamado y se cree llamar “ser”, desde su historicidad-temporalidad, se planta
en por su esencia articulatoria. También identifica un conflicto de
nombramiento, debido a lo indefinido (infinitivo) del término “metafísica”. Pero para Parménides esto es una necesidad, o
sea, reconocer este dualismo en la
búsqueda por el ser en/del ente. Pero mejor aún, solamente por el ser. Aunque se concentra, desde su inicio, en definir una tarea
ontológica específica para el humano, en ello se deja evidencia su visión sobre
el qué-hacer metafísico. Distinguir el sendero (de los “mortales no videntes”
con sus “opiniones extraviadas”) y ver que lo que impera es la apariencia de lo aparente. Esto es, que
se posee por naturaleza de cierta iluminación o plasticidad; más el camino es, en cuanto que solamente éste lleva
al ente. Este es el guiar del logos que Parménides propone, aunque
también es consciente de que padece estas apariencias. Cuando el aprendiz, o el
joven iniciado, “debe” –y aquí Parménides
prohíbe ciertas prácticas– buscar la ascensión del conocimiento a la verdad. Resulta
irónico el método de significación simbólica en la que Parménides quiere
expresar el sentido y autenticidad del ser. El motivo principal es el
reconocimiento de la conciencia pensante
del ente al respecto de su propio ser, según lo entiende Parménides. Y quizá
también podría ser posible concebirlo cual vivencia
–otra vez, con un lenguaje recontextualizado– del ente mediante el acto de inteligibilidad:
“[L]a entraña inmóvil de la Verdad bien redonda.”
Aproximarse
al ser del ente es, para Parménides, reconocer la identidad necesaria del mismo
como pura y simplemente neutro. El camino único que conduce a la asunción de la
racionalidad (con el nous activo). Esta dualidad también se
presenta en el acto poético y el intento
de expresar de manera enmascarada su pensamiento o razones sobre lo que podría
llamarse ahora el qué-hacer metafísico de Parménides. En cuanto que sabe haber
ingresado a eso dominios inalcanzables, pero necesarios en lo que la diosa
pronuncia su conocimiento. Que se ve en la figura de la luna: esto apunto al sentido de su propio ser en la (des)semejanza.
Y esto sirve como excusa para relacionar racionalmente
las disciplinas de diversas ciencias en la geografía, astronomía y biología, o
sea, que se tocan simultáneamente de manera poética. Empero este es un acto lógico-racional.
De igual modo puedo especular que esta es su conciencia sobre la “pretensión a
la verdad” de su poema, que se debe a la nominalización, o nombramiento, de
“las apariencias en cuanto son
aparentemente”. En esto se trasluce el concepto de creencia, también enmascarado en el poema, ya que lo que puede llamar Parménides son opiniones de
mortal (los bicéfalos están prohibidos a nombrar) con nous. Pero sobre todo, las apariencias de lo aparente son una
creación mortal, de un dominio al que pretende la verdad. Entiendo que este jamás
es entendido como un destino, o término,
sino como el camino hacia el ser del
ente en cuanto tal.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.