lunes, 24 de abril de 2017

Cogito ergo sum

“Cogito ergo sum”, quizás la frase más conocida del filósofo Rene Descartes, puede traducirse de diferentes maneras: “pienso y luego existo”; “pienso, por lo tanto, soy”; “dudo, luego soy”. De esta proposición podrían encontrarse muchas más traducciones e interpretaciones, pero lo verdaderamente importante es el mensaje que se mantiene sin importar de qué forma sea traducida. Descartes en sus meditaciones metafísicas se dedica a reflexionar acerca de qué y cómo podemos conocer. Él llega a la conclusión de que no es posible tener certeza alguna de lo que nos rodea, si nos acercamos a este a través de los sentidos. Esto se debe principalmente a que los sentidos pueden engañarnos y mostrarnos algo que no es lo que pareciese ser.

Sin embargo, si bien para Descartes no se puede tener certeza del fenómeno al que nos enfrentamos, existe la certeza de que nos estamos enfrentando a algo. “Aunque los sentidos nos engañan a veces sobre ciertas cosas muy pequeñas o muy alejadas, quizá haya otras muchas de las que no se puede dudar, aunque procedan de ellos como, por ejemplo, que yo estoy aquí ahora, sentado junto al fuego, vestido con una bata, con este papel entre las manos, y cosas semejantes." (p. 16) Es a través de este proceso de raciocinio, que, si bien nos hace dudar de lo que experimentamos, nos confirma que existimos como un ser que tiene la capacidad de dudar. Podría decirse entonces, que el significado de “cogito ergo sum”, a pesar de sus diferentes interpretaciones, recae en que la acción del ser humano, de dudar y reflexionar acerca del mundo que percibe, le permite confirmar que existe como un ser pensante.
En lo personal considero que el planteamiento realizado por Descartes puede llegar a caer en la subjetividad. Pues, aunque no pueda decir que lo que percibo es completamente verdadero, para mi persona lo es, pues soy capaz de percibirlo y reflexionarlo, por lo que para mí es real. Aquí es donde relaciono las meditaciones de Descartes con el método fenomenológico, pues si bien mi experiencia no es confiable al cien por ciento, hay algo en esta que puedo captar a través de un proceso de reflexión, por el cual me es posible separar todo aquello que puede “engañarme”, permitiéndome llegar así a lo que el fenómeno en realidad es.

Referencias


Descartes, R. (s.f.). Meditaciones metafísicas y otros textos. España: Editorial Gredos.

2 comentarios:

  1. PRIMER COMENTARIO Javier Flores 1277817

    Coincido contigo en encontrar las meditaciones que hace Descartes como un tipo de subjetividad y como un método fenomenológico, ya que se puede relacionar la proposición por "desengañarnos" de los sentidos, como una forma de poner "en paréntesis" los prejuicios para la comprensión del fenómeno. Tal vez él habría sido un buen discípulo de Husserl en ese sentido. También concuerdo mucho contigo al decir que Descartes ve como última certeza el hecho de que podamos reflexionar y dudar de lo que nos rodea; aunque siento que él se pone muy extremo a veces diciendo que la más mínima sombra de duda hace desaparecer una certeza, dejando ese conocimiento como algo falso. De ser así ni siquiera debería molestarse uno por estudiar las ciencias o las filosofías ya que ese conocimiento no puede demostrarse con absoluta certeza. Lo que me resulta un poco absurdo. Sin embargo puedo entender el por qué de esa obsesión, era imposible concebir las ideas que más tarde el nihilismo vendría a exponer con tanta crudeza. Entonces Dios no había muerto como idea todavía y me imagino el vértigo que se producía en el pobre Descartes ante tanta incertidumbre; ni siquiera el mismo Spinoza se libró de meter a Dios dentro de su obra.

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Tomá en cuenta que la exageración dubitativa de Descartes es metodológica: lo hace para hallar el fundamento inconmovible de todas las certezas: la conciencia y, en ella, la idea de Dios.

      Borrar

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.