domingo, 30 de abril de 2017

Diálogo platónico El Sofista o “del Ser”.

Con el pretexto de diferenciar al político, al filósofo y al Sofista comienza este diálogo. Sin embargo, los protagonistas se internan en una discusión mucho más profunda y mucho menos superficial.

Hay que tener en cuenta las características de los personajes, ya que de alguna manera representan la discusión que se regía ya en la época griega y que de algún u otro modo se remonta hasta nuestros días. Por un lado, está Sócrates, quien se dedica a propagar el saber y el conocimiento libremente, esto es, sin ningún interés por obtener alguna remuneración. Por otro lado, se encuentran los Sofistas, representados en este relato por El Extranjero de Elea. A pesar de que conocemos únicamente el origen de este personaje, se sabe que conocía a Parménides y Zenón. Es decir, era un Sofista.

Se comienza por intentar definir lo que es un Sofista, dentro de esta discusión se encuentran las siguientes definiciones. Lo primero que se logra establecer es que el Sofista es un pescador de hombres, más no en el sentido que luego adaptaría la cristiandad, sino que en un sentido un poco más crudo y real. El Sofista es básicamente alguien que se alimenta parasitariamente de familias apoderadas y por eso mismo viaja de pueblo en pueblo, sin intento por buscar una verdad absoluta. También se afirma que el Sofista es un mercader de conocimiento. Es con esta división que se hace la diferencia entre los que venden ideas de alguien más y los que venden ideas propias. El primero vendría siendo, entonces, no más que una mímesis, un plagio o una copia de algo que ya ha sido pensado por alguien más. Podría pensarse que en este sentido todos padecemos de ese mal que es no poseer ideas propias, más bien todo lo que creemos saber son conocimientos previamente adquiridos, con lo cual la originalidad de un pensamiento se reduce significativamente. Sin embargo, hay que hacer también la distinción entre aquellos que lo hacen a voluntad y aquellos que lo hacen sin tener conciencia de ello. La quinta definición coloca al Sofista como un atleta en la lucha con palabras. Ayudan a cultivar el arte de la retórica y la dialéctica, pero solamente con la intención de que el aprendiz pueda llegar a ocupar cargos importantes dentro del estado griego. Para ello enseñaban a sus alumnos (jóvenes adinerados y de buena familia) a ganar en una discusiones, debates y conversaciones, pero sin querer encontrar la Verdad. Cosa que es central dentro de la filosofía aristotélica. La sexta definición que se da de Sofista es la de “Purificador de las opiniones que, en el alma, obstaculizan los conocimientos. Esta es ligeramente alabada en el texto, pero posiblemente sea debido a que en alguna medida tiene relación con el método aristotélico. La séptima definición que se da en el texto, y que a mi parecer es probablemente la más cruda y fuerte, pero ciertamente necesaria para lograr identificar y definir lo que “es” un Sofista nos propone que este es un imitador y productor de apariencias.

A partir de este punto el diálogo devanea entre intentos del Extranjero por analizar el concepto de la apariencia y su relación con el Ser el No-ser y la falsedad.

En primer lugar, el Extranjero constata que el simple hecho de poder pronunciar las expresiones «lo que no es» y «las cosas que no son» suscita una contradicción, pues se están poniendo estas palabras en relación con una entidad numérica. Además, decimos del no ser que es impensable, indecible e ininteligible, y por tanto el uso del verbo ser le otorga una categoría ontológica. Se retoma la conclusión de la séptima definición (que el sofista es un «productor de imágenes») y se plantea la cuestión de qué es la imagen y cuál es su relación con lo que representa: la imagen es algo que se asemeja al objeto que representa, sin serlo. Así pues, se pone de manifiesto que el sofista opera con falsedades, y el Extranjero se muestra dispuesto a cometer lo que denomina «parricidio» de Parménides y, forzando la separación entre el ser y el no ser, intentando capturar al sofista.

Después sigue un discurso acerca de las diferentes teorías del saber, constatando la cantidad de elementos primordiales (tres, dos, uno, o múltiple), para después pasar a interrogar sobre el uso que habían realizado del verbo ser diversos filósofos: los dualistas, los monistas eleáticos, los materialistas y los idealistas. Entre estos últimos se sitúa el propio Platón, y asistimos entonces a una autocrítica, al constatar el Extranjero un punto débil en la teoría de las Ideas, que queda sin respuesta: la distinción entre generación -relacionada con el movimiento y los cambios en el cuerpo mortal- y ser -relacionado con el alma inmortal-. La única salida que encuentra el Extranjero es conciliar el movimiento con el reposo, y aceptar que para el filósofo ambos conforman el todo de lo que es.

El extranjero observa que el uso habitual del lenguaje permite una amplia variedad de denominaciones, creadas verbigracia por la unión de un sustantivo y un adjetivo («el hombre bueno», «el hombre alto», etc). De aquí se llega a la conclusión de que a veces los géneros pueden mezclarse: lo que está en movimiento no se mezcla con lo que está en reposo, pero el ser puede participar de ambos. Es acá donde se encuentra una definición de lo que probablemente podría ser un filósofo: «aquél que, por su dominio de la dialéctica, sabe dividir por géneros».

Al concluir se dice que el sofista se sitúa en el ámbito de la técnica de producción de imágenes de las cosas, sin ser el productor de las mismas. Es alguien que no sabe, pero imita al sabio.


Platón. (2002). Diálogos V: Parménides, Teeteto, Sofista y Político. España: Gredos. 


1 comentario:

  1. Me pareció una buena síntesis del texto, pero desde el momento en que leí "pescador de hombres" y la antítesis planteada respecto a lo utilizado en la cristiandad, me surgió una duda que espero poder relacionar con la propuesta del autor:
    Visto desde esa perspectiva, el "pescador de hombres" de los cristianos se parece mucho a un sofista. Enganchar a las personas a una ideología, aunque en la mayoría de casos sea voluntariamente, eso no resta el efecto de atraer a las masas y, como mencionaba el compañero, también se mantienen gracias a las limosnas o las colaboraciones de familias de los estratos altos más comprometidas con su fe. Luego sigue lo del mercader de conocimiento, lo cual está plasmado en las instituciones educativas con orientación religiosa, como por ejemplo, los colegios y universidades católicas. Por otra parte, también se presenta la visión estética del mundo terrestre conectado con el mundo espiritual (las representaciones pictóricas/alegóricas), cuyas imágenes tienen la intención de predicar a partir de las copias "bellas". La oratoria, el discurso, es el método más común para evangelizar, especialmente en las prédicas y homilías con las que se cumple un "requisito" de fe de los creyentes, complementándolas con las acciones correctas. Pero algo de funcional existe en las religiones, y puede que esto lleve a la siguiente premisa que es la de que son imitadores, a veces charlatanes, pero que ayudan a ver el mundo de otra manera.
    Me preguntaba, gracias a esta síntesis, si el arte sofista es reciclado en la Edad Media o si se da mucho después...y me doy cuenta que realmente el contacto más cercano con los feligreses se da mucho después, cuando se da un decaimiento de la confianza en la Iglesia. Lo que caracteriza a los sofistas es su especialidad en apelar a los sentimientos, emociones, para convencer. Convencer de renovar la religión, probablemente.

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