Texto 2º:
El periplo del Ser,
José Mata Gavidia; Los conceptos
fundamentales de la metafísica: “Consideración preliminar”, Martín
Heidegger
El
problema o “aporía” que pareciese central en la lectura de ambos textos es un conflicto nominal. Con esto me refiero
que el término, o sea, ser y metafísica,
presenta una serie de determinaciones que continúan indefinidas hoy día en el
uso cotidiano del lenguaje. El ser es término en cuanto palabra, pero como
verbo infinitivo resulta paradójico que exhiba características propias de un sustantivo,
ya que es el ser mismo. Esta es una repercusión fundante que marca la historia
de la filosofía, y, por tanto, las visiones de Occidente en relación a las
nociones del ser. Se delinean perspectivas particulares (de platónicos a aristotélicos,
racionalistas a empiristas, hasta llegar Kant y Hegel) sobre la esencia
residiendo <en el conjunto>, el ser de lo que impera. A esto considero que, debido a la determinación de
la ‘metafísica’ como una disciplina por “ser nombre” –y abreviado (ta meta ta física)
– lleva a Heidegger a realizar un análisis crítico, etimológico, gramático, filológico,
lingüístico, histórico, etc., sobre la implicación de emplear un término
ambiguo e indefinido desde su significante. Empero la metafísica y/o la
filosofía se remite a la naturaleza como mundo, el movimiento “en lo imperante
de lo que impera”, nos dice Heidegger. La experiencia de las relaciones fenomenológicas
de la conciencia proyectada, desde la soledad, hacia la finitud de su mundo. Esto representa la coacción entre
entes constituidos en el lenguaje: la universalidad de significaciones. Por esto
entiendo el qué-hacer metafísico, como señala Mata Gavidia, resaltando que la
palabra es un nacimiento intrínseco e imprescindible en el hombre, en cuanto a
su insatisfacción constante de conocimiento de un horizonte histórico y
presente compartido. Lo inacabable del cambiar de ángulos (periagogía o
periplo) para localizar aperturas del ser mediante el lenguaje, aunque este
cuestione la sostenibilidad de su significante. Expresar, en el texto de Mata,
puede entenderse en clave heideggeriana como liberar-me-al-conjunto: esto es
trascendencia fenomenológica en el acto descriptivo. La estrategia de voltearse
hacia atrás en la historicidad de la etimología y de la gramática de la
palabra, nombre, término ser, fractura
la visión por el nombre –ese ser bien sostenido– en la plurisignificancia de
éste en cuanto tal, a lo que Aristóteles dice: ‘el Ser se dice de muchas maneras’.
Esto
afecta (y esta inflexión no es casualidad) el enfoque que de ahí hacia adelante
ha determinado a la historia de la filosofía en la conceptualización del ser. Este
problema por la identificación de una esencia termina bajo tela de juicio, característica
de las preguntas nacidas por el ser. Comprendo que Heidegger enfatiza en estas
carencias de la historia que se han dado por sentado u omitido de argumentación
para reorientar “el destino de la
auténtica filosofía en Occidente” (Los conceptos fundamentales de la metafisica, pág.
66)[1]
mediante la investigación del ser desde su expresión en el lenguaje,
concerniente e inherente al ser humano. Para Mata Gavidia el ser posee ciertas
cualidades epistemológicas que potencia la conciencia humana en el qué- y
cómo-hacer metafísico, para el cual no le resulta ridículo relacionar que “ciencia y metafísica tiene un objeto de
estudio […] También conviene apunta
que deslindar ambos campos, tiene muchos problemas conceptuales, pero
coincidimos en admitir que los límites de ambos aún no han sido definidos a
satisfacción sus fronteras, y que cada vez más la ciencia aproxima sus linderos
a los de la filosofía y ésta penetra en los de aquella” (Gavidia, 1985, pág. 24)[2]. Ambas
citas marcan un contrapelo en función negativa y positiva, y que su
discrepancia seguramente podría haber alterado a Heidegger a tal punto de parar
en seco a Mata Gavidia, debido a que el primero no se vale de ningún dato
epistémico sino que explora las grietas del ser, y mejor aún, argumenta sobre
el discurso que ha de emplearse en relación al conocimiento del ser, siendo esta
la vereda de la ontología débil como le
llaman Vattimo y otros críticos posteriores.
En
un punto si encuentro juntura en los textos, y es en el reconocimiento sobre la
inacabable y multitud de aperturas (o grietas) posibles en las que el ser
presenta mediante el lenguaje, y como su estudio o investigación encuentra como
método idóneo la fenomenología descriptiva de carácter existencial. A lo que no
es accidental que Heidegger reflexione sobre la expresión de la “asignatura metafísica”
desde los conceptos mundo, finitud,
soledad. Quiere dejar claro que impartir un curso (como el que está impartiendo)
sobre metafísica debe comprometer a la conciencia a la realidad, en la identificación
de experiencias y vivencias –en su historicidad y calidad de presente– que se
posibilitan en el lenguaje por necesidad humana. El acto de alejamiento para
con uno, abre entradas al/del ser mediante el lenguaje. Se revivifica en el
espacio articulatorio y/o textual (descriptivo) en un intento por lo inacabable
de llegar a <un> vericueto de la casa
es de Novalis, y desear siempre
todavía la proximidad de <otra> parcialidad. Esas son las nuevas vías
que Mata Gavidia se empecina en explorar en su acción de periplo: dar la vuelta,
buscar entradas-salidas. Para sintetizar un poco quizá, la periagogía aplicada
con un enfoque fenomenológico permite que la experiencia de la conciencia –o mejor
aún: la vivencia humana– se diversifique (“el
Logos encarnado en el ser humano que piensa, quiere, actúa y siente”) para
potenciar las posibilidades del ser en la naturaleza fenoménica de los entes en
su relación trascendente en el lenguaje. Y que la conciencia de la experiencia del
ser en el mundo resulte de un estar-inmerso (arrojado dice Heidegger) <en el
conjunto>.
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