martes, 14 de febrero de 2017



Texto 1º: Dr. Antonio Gallo Armosino, ‘El acontecer: Cuestión de método e Introducción’; ‘Carácter de la Filosofía: Entre el Ser y el Logos’

Antes de dar los primeros pasos en su descripción, Gallo retrocede al preguntar y argumentar sobre la aplicación de un método, siendo este el punto principal que me interesa señalar. Hay que cuestionar, antes de emprender un camino posible, todo lo que forma parte de mis presaberes y el aprendizaje en lo que se dice o se ha dicho del mismo. En este caso se pregunta por su aproximación hacia el ser mediante un método efectivo y sin extravíos; a lo que un par de preguntas distingo: ¿Cómo ha conceptualiza el humano al ser, para hacerlo “llegar finalmente al lenguaje”? ¿Existe un absoluto y total concepto sobre éste, o sea, único ser indivisible? Y en caso haya chance de pluralidad en esto, ¿cuáles son los caminos más orientados? Deja clara su visión fenomenológica, que sin lugar a duda es husserliana (en el concepto de experiencia; más acá, la conciencia) como cuando dice “la proyección hacia lo dado” (Gallo, El acontecer, p. 3). A esto especulo que en el texto hay un reconocimiento de suma importancia en cuanto a la calidad consciente con la cual el hombre organiza sus experiencias inmediatas y relacionales al respecto de su contexto. La actitud fenomenológica del vivir en trascendencia continua hacia y por el mundo. Empero, en el Carácter de la Filosofía, se visibiliza una intención crítica-argumentativa a lo largo de un amplio panorama horizontal, o sea, mediante la indagación histórica sobre las nociones y preguntas efectuadas sobre el ser, hasta desembocar a su estado actual en el iniciado siglo XXI. Esto implica recorrer la diversidad de los tiempos del “pensamiento” (logos) sobre la pregunta por el ser, que emergen de un cuestionamiento constante sobre la vitalidad y/o existencia de éste  (individual o colectivo) en el humano, las cosas, las ideas y, principalmente, en sí mismo. Esto quiere decir: en todas sus dimensiones históricas y vivenciales.  A mi criterio, en esto se enfoca Gallo, por identificar o distinguir una varía posibilidad de experiencias fenomenológico-descriptivas que hagan patente las nociones sobre el ser, tanto en la historia como en la vivencia.
            En la lectura el concepto de “lo otro” no solamente reconoce la conciencia u identidad que se relaciona con el mundo, sino que también intenta abarcar la extensión de los objetos –y demás conciencias– que en el reside, lo rodean y constituyen de ella (la conciencia) su contexto u horizonte de significaciones. Han pasado casi 26 siglos de preguntas al respecto de la actualidad conceptual del término ser y la ontología ha delineado sus quasi-limite. Las preguntas surgen, de lo que yo llamaría, cual “(retro) evolución” de manera continua; esto quiere decir, que van ahondar sobre lo dicho y esbozar significaciones quizá insospechadas. Relacionándolo de otra manera, puede asimilarse como un reaprendizaje o deconstrucción de las “especulaciones dentro de la experiencia inmediata como contexto”. Lo que importa a Gallo es que el método desde el cual está vivenciando el acto textual, su descripción de trascendencia, pueda absorber de cualquier esfera del pensamiento posible: las aperturas del ser consciente. Y este es el sonido de fondo que deja el párrafo final del Cap. 2 del Carácter de la Filosofía, en el cual alude a estas “voces lunáticas” (Michael Foucault, Gilles Deleuze y Felix Guattari, Gianni Vattimo, Emanuel Levinas, etc.) para integrarse a la empresa historio-crítica sobre el carácter filosófico y metafísico que predomina en la actualidad, el carácter del presente. Cómo han sido instrumento u artilugio de los poderes que se valen de cierta plasticidad pos-fáctica para perpetuar el sistema hegemónico de masificación comunicativa de información globalizada, la sostenibilidad de una verdad sintética del ser humano como integrante de la civilización del capitalismo tardío, diciéndolo con mis palabras. Esta es la observación consciente que concierne a la realidad inmediata e histórica en la que Gallo se ve inmerso, su acontecer, a lo que apertura una serie de preguntas:

Al filósofo actual queda la tarea de escuchar las voces del hombre presente y sus angustias, para expresar el límite de lo no expresable. La experiencia del mundo y de sus fenómenos naturales, de los pueblos y sus aconteceres humanos, esperan de los filósofos, un ‘logos’, filtrado por los actuales medios expresivos de la tecnología. Cabe contestar a preguntas inmediatas: ¿Puede la ecología ser un tema filosófico para la realización de los derechos humanos? ¿El  nuevo sistema de comunicación, Facebook, Skype, Twitter, se orienta a crear un tipo de personalidad, o un ser individual, más seguro de sí y armonizado en sus intereses? ¿Puede la electrónica, como aprovechamiento de las energías lógicas de la materia,  fundar la creación de un tipo de hombre ajeno a los conflictos destructivos, y desviaciones pasionales? (Gallo, 2015)[1]
                                                                
Es un compromiso por la toma de conciencia hacia “lo dado” del pasado y el presente para su posible proyección descriptiva. En el discurso este hecho se evidencia en el intento por realizar una serie de distinciones sobre el método que cada uno (quien filosofa: de Parménides a Hegel, por ejemplo) constituye para-sí. En cada caso, la búsqueda toma caminos particulares sobre la estructura, forma y cognocibilidad del ser en cuanto tal; no obstante esto atañe a toda conciencia viviente, por lo que se torna en una cuestión universal y, por ende, limitado a mi experiencia de la realidad. No se afirma el absoluto o totalidad alguna, sino la finitud en “lo otro”, en el que renacen las significaciones individuales, remitidas a un mundo compartido.  Las relaciones producen un lenguaje, una voz, un texto, que es a lo que Gallo llama “mantener constantemente el vínculo consciente con estos datos (los de la historia y el acaecer)”. Desde la nominalización del primer texto (‘El acontecer’) hay un llamado de necesidad de parte de la realidad a la conciencia humana. Y es en este sentido por el cual el qué-hacer filosófico de Gallo, en ambos textos, se posibilita mediante una interpretación a/de fondo, valiéndose de la estrategia hermenéutica de la historio-crítica, no para proponer la completitud de significado alguno sobre el ser, sino para que de dicho acto articulatorio-descriptivo del “ahora vital o vivo” nazca de un ejercicio metafísico inacabable, más siempre retornando a su historicidad.


[1] Ambrosio, Antonio Gallo,  ‘Carácter de la Filosofía’: Entre el Ser y el Logos, pp. 51

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