lunes, 8 de mayo de 2017

Comentario 5 Baruch Espinoza – Ética demostrada según el orden geométrico (4ª parte: De la servidumbre del hombre o de la fuerza de las afecciones)



Según se reconoce en el hombre no solamente su impotencia o debilidad, en el carácter envolvente, imaginario y presencial de la idea de las afecciones, también se reconoce en ello el carácter de fuerza que puede ejercerse mediante la utilidad de las mismas en relación a su uso general dentro de la sociedad y de la existencia del cuerpo mismo. Con esto empiezo citando el escolio de la proposición 18 de la 4ª parte: “Como la razón no exige nada que se contra naturaleza, pretende, por consecuencia, que cada uno se ame a sí mismo, busque la utilidad propia, lo que es realmente útil para él [correspondiente a su naturaleza, la duplicación de la suya en lo otro], apetece todo lo que conduce realmente al hombre a una perfección mayor [esto es, la realidad], y absolutamente hablando, que cada uno se esfuerce en conservar su ser en cuanto de él dependa.” En esta acepción de fuerza en que se ve en la servidumbre del hombre, hacia la confección general de las afecciones que participan en la sociedad y la relación social, que se erige cual movimiento de fuerza de los cuerpo exteriores en la imaginación de naturalezas necesarias, y repugnadas en la contingencia de ser. Es por ello que, al momento que Espinoza dice de la razón el uso de la pasión y el deseo del amor, no necesita demostraciones particulares de dicha definición en cuanto se deduce que el aumento que produce dicha fuerza es estrechamente relacionada al uso del entendimiento y de la conciencia plena de los cuerpos exteriores y de los demás, en los que se introyecta el propio ser junto a sus prejuicios. En esto ya puede hablar del exceso del amor o del odio para su aplicación situacional en las relaciones sociales del hombre, es decir, entre conciudadanos. Regresando al concepto de “duración”, para el caso particular del uso de las afecciones, en vista de su fuerza en la servidumbre del hombre, se plantea como indefinible (como la existencia de los cuerpo) en cuanto el alma concibe las cosas conforme al mandato de la razón, que es afectada de igual modo, ya sea la idea (o imaginación) de una cosa futura  pasada, o la de una cosa presente. El pensamiento es el siervo a quien el señor no puede detener según su placer y consideración racional de su existencia como cosa singular en acto, y de los demás hombres. Este acto de reproducción en quien sirve, como hombre, a los objetos imaginados (ficciones humanas) de la razón, únicamente es capaz de re-producir con su existencia y vitalidad la del opresor, que sucumbe la misma a una función o papel social del cual no puede desligarse por necesidad a su naturaleza determinante o condicionante. Esto hace que el siervo permanezca o se movido por la fuerza ejercida tanto en su cuerpo como en la concepción imaginada (por otro, de manera general) sobre su propia alma, esto es, unidad de sociedad y dominio. Solamente quien duplica su naturaleza en lo otro y los demás, de manera general o abstracta, determina su tiempo de existencia sólo por medio de la imaginación, lo cual no está igualmente afectada por la imagen de una cosa presente que por la de una futura: es aquí o en este momento donde predomina la perpetuación del deseo de las cosas actualmente agradables. Para señalar la dirección de su argumentación ética, o sea, la de Espinoza, señalo dos fragmentos considero importantes de reproducir en este breve comentario de texto. El primero, la proposición 72: “El hombre libre no obra nunca engañando, sino siempre de buena fe” Esto denota de la imperante relación que existe entre el pensamiento racional de yo corpóreo y formal, en cuanto a los usos que se han legado en la fe onto-teológica cartesiana, que hace del juego de la libertad y la servidumbre del hombre factible a la condición de utilidad que se lega tanto al cuerpo de los otros como al de las cosas del mundo. Las condiciones del bien se dan en la razón gracias infinitas en la fe y creencia que se introduce a las palabras y lenguaje en su uso respectivo de situación, para perseverar el ser general del entendimiento y perpetuarse en él. Y, el segundo, que es el capítulo 28: “No bastarían las fuerzas de cada uno para procurarse lo necesario, si los hombres no se prestasen mutuos servicios. Pero el dinero ha llegado a ser el signo en que se resumen todas las riquezas, tanto que su imagen ocupa de ordinario más que ninguna otra cosa el alma del vulgo; no se puede imaginar especie alguna de gozo a que no acompañe como la causa la idea de la moneda.” Considero auto explicativo lo anterior sobre la intención sentenciadora de Espinoza, que lo lleva a ser el primer psicoanalítico e iconoclasta de la historia moderna, y denunciador de las atrocidades e iniquidades que el pacto de la fe y la razón efectuaron para sus usos de dominio terroritorial de la Iglesia. Es en este sentido que considero la Ética de Espinoza como tras-metafísica, en cuanto hace uso de una doctrina que desenmascara la realidad. Esto es, el contexto histórico que, valga la redundancia, padece y lo afecta de manera inmediata, y que corresponde a la actitud (cual ethos) crítica sobre las características imperantes de su realidad.

1 comentario:

  1. Ciertamente parece que te imbuiste ("empatinaste", decíamos antes) en Spinoza. Quizá al punto de la exageración, como al final de este texto, en que lo volvés psicoanalista e inconoclasta de la modernidad...

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