Según
se reconoce en el hombre no solamente su impotencia o debilidad, en el carácter
envolvente, imaginario y presencial de la idea de las afecciones, también se
reconoce en ello el carácter de fuerza que puede ejercerse mediante la utilidad
de las mismas en relación a su uso general dentro de la sociedad y de la
existencia del cuerpo mismo. Con esto empiezo citando el escolio de la proposición
18 de la 4ª parte: “Como la razón no exige nada que se contra naturaleza,
pretende, por consecuencia, que cada uno se ame a sí mismo, busque la utilidad
propia, lo que es realmente útil para él [correspondiente a su naturaleza, la duplicación
de la suya en lo otro], apetece todo
lo que conduce realmente al hombre a una perfección mayor [esto es, la
realidad], y absolutamente hablando, que cada uno se esfuerce en conservar su
ser en cuanto de él dependa.” En esta acepción de fuerza en que se ve en la
servidumbre del hombre, hacia la confección general de las afecciones que
participan en la sociedad y la relación social, que se erige cual movimiento de
fuerza de los cuerpo exteriores en la imaginación de naturalezas necesarias, y
repugnadas en la contingencia de ser. Es por ello que, al momento que Espinoza
dice de la razón el uso de la pasión y el deseo del amor, no necesita
demostraciones particulares de dicha definición en cuanto se deduce que el
aumento que produce dicha fuerza es estrechamente relacionada al uso del
entendimiento y de la conciencia plena de los cuerpos exteriores y de los
demás, en los que se introyecta el propio ser junto a sus prejuicios. En esto
ya puede hablar del exceso del amor o del odio para su aplicación situacional
en las relaciones sociales del hombre, es decir, entre conciudadanos. Regresando
al concepto de “duración”, para el caso particular del uso de las afecciones,
en vista de su fuerza en la servidumbre del hombre, se plantea como indefinible
(como la existencia de los cuerpo) en cuanto el alma concibe las cosas conforme
al mandato de la razón, que es afectada de igual modo, ya sea la idea (o imaginación)
de una cosa futura pasada, o la de una
cosa presente. El pensamiento es el siervo a quien el señor no puede detener según
su placer y consideración racional de su existencia como cosa singular en acto,
y de los demás hombres. Este acto de reproducción en quien sirve, como hombre,
a los objetos imaginados (ficciones humanas) de la razón, únicamente es capaz
de re-producir con su existencia y vitalidad la del opresor, que sucumbe la
misma a una función o papel social del cual no puede desligarse por necesidad a
su naturaleza determinante o condicionante. Esto hace que el siervo permanezca
o se movido por la fuerza ejercida tanto en su cuerpo como en la concepción
imaginada (por otro, de manera general) sobre su propia alma, esto es, unidad
de sociedad y dominio. Solamente quien duplica su naturaleza en lo otro y los demás,
de manera general o abstracta, determina su tiempo de existencia sólo por medio
de la imaginación, lo cual no está igualmente afectada por la imagen de una
cosa presente que por la de una futura: es aquí o en este momento donde
predomina la perpetuación del deseo de las cosas actualmente agradables. Para señalar
la dirección de su argumentación ética, o sea, la de Espinoza, señalo dos
fragmentos considero importantes de reproducir en este breve comentario de
texto. El primero, la proposición 72: “El hombre
libre no obra nunca engañando, sino siempre de buena fe” Esto denota de la imperante relación que existe entre el
pensamiento racional de yo corpóreo y formal, en cuanto a los usos que se han
legado en la fe onto-teológica cartesiana, que hace del juego de la libertad y
la servidumbre del hombre factible a la condición de utilidad que se lega tanto
al cuerpo de los otros como al de las cosas del mundo. Las condiciones del bien
se dan en la razón gracias infinitas en la fe y creencia que se introduce a las
palabras y lenguaje en su uso respectivo de situación, para perseverar el ser
general del entendimiento y perpetuarse en él. Y, el segundo, que es el capítulo
28: “No bastarían las fuerzas de cada uno para procurarse lo necesario, si los
hombres no se prestasen mutuos servicios. Pero el dinero ha llegado a ser el signo
en que se resumen todas las riquezas, tanto que su imagen ocupa de ordinario más que ninguna otra cosa el alma del
vulgo; no se puede imaginar especie alguna de gozo a que no acompañe como la
causa la idea de la moneda.” Considero
auto explicativo lo anterior sobre la intención sentenciadora de Espinoza, que
lo lleva a ser el primer psicoanalítico e iconoclasta de la historia moderna, y
denunciador de las atrocidades e iniquidades que el pacto de la fe y la razón efectuaron para sus usos de dominio terroritorial de la Iglesia. Es en este
sentido que considero la Ética de Espinoza como tras-metafísica, en cuanto hace
uso de una doctrina que desenmascara la realidad. Esto es, el contexto
histórico que, valga la redundancia, padece y lo afecta de manera inmediata, y
que corresponde a la actitud (cual ethos) crítica sobre las características
imperantes de su realidad.
Ciertamente parece que te imbuiste ("empatinaste", decíamos antes) en Spinoza. Quizá al punto de la exageración, como al final de este texto, en que lo volvés psicoanalista e inconoclasta de la modernidad...
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