Nota de la autora: este texto no tiene la intención de ser una blasfemia en contra de Leibniz. Solamente es un intento de reflexionar respecto a las dudas que le surgen en torno al texto.
¿Vivimos realmente en el mejor de los
mundos posibles? De acuerdo con Leibniz, sí. Ahora bien, como hay una infinidad de universos posibles en las ideas
de Dios y como no puede existir sino sólo uno de ellos, es necesario que exista
una razón necesaria de la elección de Dios, la cual le determine a uno antes
que a otro. (Monadología, #53) Esta proposición quiere decir que todo en
este mundo tiende a la perfección de Dios. Pero, ¿con estas palabras no es está
cayendo en una contradicción? De acuerdo con Leibniz, una monada es una
sustancia simple, sin partes, única en relación las unas con las otras, que no
puede ser destruida o creada.
Sin embargo, ¿no es Dios también una
mónada? Digo, Dios puede ser concebido como una sustancia simple, la unidad de
la que se desprende, convirtiéndonos a nosotros en sus atributos. Sólo, pues, Dios es la Unidad Primitiva, o
la substancia simple originaria, del cual son producciones todas las Mónadas
creadas o derivadas; y nacen, por decirlo así, por Fulguraciones continuas de
la Divinidad de momento en momento… (Monadología, #47) A su vez Dios es
perfecto, lo que quiere decir que, dentro de los términos de Leibniz, que se
encuentra en la magnitud positiva. Dios
es absolutamente perfecto, no siendo otra cosa la perfección sino la magnitud
de la realidad positiva, tomada precisamente, dejando aparte los límites o
lindes en las cosas que los tienen. Y allí donde no hay límites, es decir, en
Dios, la perfección es absolutamente infinita. (Monadología, #47) Pero,
¿cómo es posible que Dios sea simple y perfecto a la vez? ¿Tiene que ver esto
con la tendencia cartesiana de utilizar a Dios como fundamento?
Referencias
Leibniz, G. (1715) La monadología. Escuela de Filosofía Universidad ARCIS. Edición
electrónica de: www.philosophia.cl
Para empezar, solo quiero opinar que no me parece para nada una ofensa en contra de Leibniz, y que incluso él mismo se hubiese sentido halagado por ser mencionado en un comentario de carácter filosófico.
ResponderBorrarLuego de escribir eso, me parece que de hecho no es una tendencia cartesiana el utilizar a Dios como fundamento, sino una especie de necesidad humana. Como se ha dialogado en clase, incluso los ateos poseen un Dios. El Dios de la duda, el Dios del dinero, el Dios de los mitos y la creación del mundo, el Dios escolástico de la separación entre fe y razón, y luego viene este Dios particular de la edad Moderna. Este Dios que pareciera más bien una extracción matemática o un juego de multiplicación y división, en el que entre más sofisticaciones del Dios cartesianos haya, cabe la posibilidad que se repartan las afinidades de la Fe, pues hay que recordar que varios de los pensadores de ese tiempo servían a la Iglesia. Respecto al planteamiento del texto, de si no caería en una contradicción la reflexión de Leibniz, pues yo creo que sí, pero es una estructura de oposiciones intencional. Las sustancias únicas, infinitas, inmutables, indivisibles, se remiten a un origen. Si el origen está diseñado para que nada se derrumbe, ni caiga fuera de la estructura, es mucho más fácil desarrollar una reflexión sobre el mundo. Ese origen, necesariamente, tiene que ser un Dios racional, puesto que (ahí si entraría la condición Cartesiana) la mente no elige percibir, sino que las cosas son presentadas frente a uno. Un Dios del orden y de la estructura es con lo que, al menos yo, me quedo de Leibniz.