Tal
vez una de las lecturas más psicodélicas que he hecho, no pude
evitar fascinarme con cada propuesta y cómo éstas iban agrandando
el panorama de su idea de Dios, aún si esto resultase tedioso ya que
lo menciona hasta para ir al baño. Para mí, la rareza en la
propuesta de Spinoza radica en que aún desde el racionalismo y
peleándose con lo que recién leímos de Descartes, él no rechaza
totalmente la dualidad; sino que la diluye dentro de una idea aún
más compleja: lo infinito. Nos dice que la idea de separar al cuerpo
del alma es absurda ya que, para él, esas dos son sólo extensiones
de una totalidad que se despliega eternamente. Es decir, que son nada
más dos cualidades para la comprensión de la totalidad,
reduciéndonos hasta la insignificancia. Es aquí donde tal vez me
puse crítico con él, ya que resulta imposible para nosotros llegar
a entender esa totalidad. Nuestra percepción es por naturaleza
finita y nos hace caer en el error de simplificar una idea así,
incluso con ejercicios matemáticos como la famosa paradoja del hotel
infinito de Hilbert. Y sin embargo Spinoza no termina de soltar la
idea de que la realidad tiene algo que centraliza y ordena todo, o
sea, su propuesta viene a ser algo que presenta una armonía
tranquilizante para cualquiera que necesita de la verdad, del orden.
Spinoza
apuesta por la matemática para realizar una especie de radiografía
de la totalidad, utilizando el esquema geométrico de Euclides a
partir de axiomas, teoremas, principios postulados, definiciones y
problemas (he ahí el por qué del título); es en este aspecto donde
refleja lo realmente moderno que es. A pesar de esto, lo que realiza
en su Ética es brillante, ya que en el mero ejercicio de producción
lógica, él va generando una estructura de la realidad que se
despliega y respeta matemáticamente la totalidad de sus postulados.
En toda su obra es difícil hallarle fallos técnicos a su
razonamiento, pues a simple vista no se manifiestan. Spinoza aspira a
la des-antropomorfización de Dios, de alejarse de toda superstición,
dejando así el punto central que ordena el universo como algo
totalmente ajeno a nuestras exigencias egoístas. En ese sentido
imagino el por qué de el rechazo tan fuerte que recibió Spinoza por
su propia gente, es decir, el tipo de exilio no es comparable con el
de ahora. Seguramente lo detestaron, lo repudiaron, le cerraron las
puertas y él tuvo que dedicarse a otras cosas.
Spinoza
plantea una nueva filosofía. En concordancia con una construcción
sistemática y una nueva forma de plantear el pensamiento en
sistemas. Es una nueva forma de ver la realidad en la que está
inmerso el hombre y una forma de manifestar los acontecimientos o
actos que realiza el hombre, que hasta cierto punto pueden ser
ilícitos.
La
libertad es algo que señala de buena forma situándola como el
culmen de los actos del hombre y que va dentro de su relación con
los demás. Además, está su actuar y comportamiento sea en la
sociedad como él mismo. Es aquí donde regreso al tema que más me
intrigó del libro: el abandono de la dualidad que hace Spinoza; más
específicamente en cuanto a la separación cuerpo-alma. Ya que si
estos dos atributos se juntan en la sustancia, entonces se anula la
eternidad personal.
Javier Flores
Carnet No.1277817
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