martes, 2 de mayo de 2017

Spinoza o el abandono de la dualidad


Tal vez una de las lecturas más psicodélicas que he hecho, no pude evitar fascinarme con cada propuesta y cómo éstas iban agrandando el panorama de su idea de Dios, aún si esto resultase tedioso ya que lo menciona hasta para ir al baño. Para mí, la rareza en la propuesta de Spinoza radica en que aún desde el racionalismo y peleándose con lo que recién leímos de Descartes, él no rechaza totalmente la dualidad; sino que la diluye dentro de una idea aún más compleja: lo infinito. Nos dice que la idea de separar al cuerpo del alma es absurda ya que, para él, esas dos son sólo extensiones de una totalidad que se despliega eternamente. Es decir, que son nada más dos cualidades para la comprensión de la totalidad, reduciéndonos hasta la insignificancia. Es aquí donde tal vez me puse crítico con él, ya que resulta imposible para nosotros llegar a entender esa totalidad. Nuestra percepción es por naturaleza finita y nos hace caer en el error de simplificar una idea así, incluso con ejercicios matemáticos como la famosa paradoja del hotel infinito de Hilbert. Y sin embargo Spinoza no termina de soltar la idea de que la realidad tiene algo que centraliza y ordena todo, o sea, su propuesta viene a ser algo que presenta una armonía tranquilizante para cualquiera que necesita de la verdad, del orden.
Spinoza apuesta por la matemática para realizar una especie de radiografía de la totalidad, utilizando el esquema geométrico de Euclides a partir de axiomas, teoremas, principios postulados, definiciones y problemas (he ahí el por qué del título); es en este aspecto donde refleja lo realmente moderno que es. A pesar de esto, lo que realiza en su Ética es brillante, ya que en el mero ejercicio de producción lógica, él va generando una estructura de la realidad que se despliega y respeta matemáticamente la totalidad de sus postulados. En toda su obra es difícil hallarle fallos técnicos a su razonamiento, pues a simple vista no se manifiestan. Spinoza aspira a la des-antropomorfización de Dios, de alejarse de toda superstición, dejando así el punto central que ordena el universo como algo totalmente ajeno a nuestras exigencias egoístas. En ese sentido imagino el por qué de el rechazo tan fuerte que recibió Spinoza por su propia gente, es decir, el tipo de exilio no es comparable con el de ahora. Seguramente lo detestaron, lo repudiaron, le cerraron las puertas y él tuvo que dedicarse a otras cosas.
Spinoza plantea una nueva filosofía. En concordancia con una construcción sistemática y una nueva forma de plantear el pensamiento en sistemas. Es una nueva forma de ver la realidad en la que está inmerso el hombre y una forma de manifestar los acontecimientos o actos que realiza el hombre, que hasta cierto punto pueden ser ilícitos.
La libertad es algo que señala de buena forma situándola como el culmen de los actos del hombre y que va dentro de su relación con los demás. Además, está su actuar y comportamiento sea en la sociedad como él mismo. Es aquí donde regreso al tema que más me intrigó del libro: el abandono de la dualidad que hace Spinoza; más específicamente en cuanto a la separación cuerpo-alma. Ya que si estos dos atributos se juntan en la sustancia, entonces se anula la eternidad personal. 

Javier Flores
Carnet No.1277817 


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