lunes, 8 de mayo de 2017

Texto 7º: Baruch Espinosa – Ética demostrada según el orden geométrico (1ª parte) Despedida a la reducción



Llegar a la conclusión de que el pensamiento espinosiano es propio de un excéntrico, ese desfasado al espíritu de su época. Parece imprescindible hacer mención de la herencia e influencia directa cartesiana que Baruch continua, en cierto “modo”. No obstante, pareciese que la empresa de dar forma a un tratado lógico-filosófico que de noticia de la complejidad trascendental y relacional humana, ya habla de su personalidad desbordante. La extensión del trabajo, desde este punto, supera las pretensiones con el cual Descarte empieza la fundación conceptual y orientación ideal de la onto-teología Occidental-Moderna (XVI-XVII). Quizá, con Espinosa, nos topamos con dialogante de este pensamiento emergente, e impulsado a fuerza de “certeza” aquella herencia patrística-platónica.
En efecto, sí somete a la razón –de sus contemporáneas, y se extiende a la de nosotros, hoy día– a un riguroso examen: “Os ruego consideréis en qué ha parado el asunto”, nos inquiere. Y sin profundizar en la biografía de nuestro personaje, ya se sabe de su judaísmo poco ortodoxo y su relación confortativa con el germen liberal del cristianismo. Lo que si ha de reconocerse, es que en la idea de Dios que Baruch fundamenta, existe una intención interpelante sobre la actualidad filosófica, teológica, “científica” a lo imperante de su contexto inmediato de experiencia. Con atrevimiento, también podría hablarse de un Dios otro, pero que siempre es el mismo. En realidad, sin Dios (como la Idea única y potenciadora de la esencia) es imposible continuar la movilidad y formalidad del eje de la existencia humana, del mundo y sus cosas, y del universo extendido en su totalidad material. Con ello resulta de suma importancia resaltar el carácter vinculante –en comparación a sus coetáneos– que Espinosa ve en que Dios también puede ser <res extensa>, y que resulta “absurdo” apremiarlo de esta categoría debido a su naturaleza intrínseca en la materia.
No se desengancha de la necesidad causal, que es la formal aristotélica, de reconocer en Dios a la naturaleza misma del universo material. Pero lo que da su gracia al pensamiento espinosiano es sin duda el estilo tratadista con el que se expresa, con un nivel de ironía esencialmente formal y con un diáfano nominalismo ipso-descriptivo. Desde el título pasando, y hay que decirlo con cierto orden, por las definiciones fundacionales del texto (con respectivas explicaciones), su nada trastocados axiomas, hasta llegar a la sección de proposiciones (incluyendo diferentes maneras para refutar lo anterior [Q.E.D] demostraciones, corolarios, escolios…), y desembocar al apéndice transitivo hacia la próxima parte.
Es mediante esta metodología descriptiva del retorno hacia “lo dicho” donde el Axioma VI, de la 1ª parte, procede al andamiaje del eje metafísico y material que es Dios: “Una idea verdadera debe ser conforme a lo ideado por ella.” [Cursiva mía] (Espinosa, 1980, pág. 31) Con esto no se limita al ego-racionalismo cartesiano de la duda metódica, es decir, la esencia (substancia, Dios en las cosas) de todo lo que puede concebirse como no existente no implica la existencia, sino es posibilitada como un modo u “atributo” de Dios para con el orden natural del pensamiento humano. Aquí puede encontrarse la novedad del pensamiento espinosiano, en cuanto que del necesario infinito divino en la naturaleza de las cosas, también existen infinidad de “modos” posibles, únicamente abarcables por un “entendimiento” infinito.
Con esto hilamos que Dios es causa primera, motriz y para nada accidental de todas las cosas. Llegar a concebir no es posible si por necesidad y absoluta naturaleza, es Dios lo que ha potenciado la infinitud de dicho atributo que, o bien es tomada cual idea substancial y formal de manera inmediata, o se da al entendimiento a través de alguna “modificación” u “afección” que se sigue de su naturaleza absoluta. Por eso, cuando dice (Proposición XXIV) que “[l]a esencia de las cosas producidas por Dios no implica la existencia”, es cuando la cuestión se torna peliaguda con su <jerarquía de los modos>.
Esto es, antes de ser… ya lo era, pero únicamente en Dios comienza su existencia, en cuanto que las cosas dependen naturalmente desde su esencia de él. Con lo anterior, para llegar a la conjetura de que la naturaleza de Dios, en su infinidad de modos y atributos, no cumplen con fin alguno prefijado y, en sus palabras, “que todas las causas finales son, sencillamente, ficciones humanas, no harán falta muchas palabras.” (Espinosa, 1980, pág. 65) Esto trasluce su repugnancia hacia el antropomorfismo religioso y se despide de la causa final aristotélica. El prematuro cuestionamiento al “pre-juicio” onto-teológico cartesiano, sucede en función de la causa de sostenibilidad de dicho fundamento, y que es a lo que argumenta Espinosa con cierto desenfado. Es decir, que el concepto de la “voluntad” y el “libre albedrio” del que se agarra Descartes queda desengañado en la idea de Dios que Espinosa propone, en cuanto que este carece de dicha ficción humana por ser y obrar en función de la sola necesidad de su naturaleza. Todas las cosas y modos de esencia y existencia dependen de dicha no-voluntad de Dios, mejor aún, en su naturaleza y necesidad potencial y posibilitante.
El hombre posee el apetito y conciencia idónea para buscar dicha causalidad, necesitada de una re-orientación de la naturaleza mental y formal (en vista de la finalidad humana y la metafísica religiosa), sin ser reducida a una simple “representación cerebral”: la primera autentica llamada a la conciencia, en la historia de la filosofía, a mi parecer, es la de Espinosa. En todo caso, la reducción es la ignorancia: <asilo a la ignorancia>, la voluntad de Dios; la crítica contra los teólogos que alcanzaría también a Descartes, se mencionó.  Es un tras-metafísico (porque no me atrevo a utilizar el prefijo “anti”) que denuncia la humana utilidad de los medios fabricados para la idoneidad del interés privativo, y para nada trascendental o universal. “Y así, este prejuicio se ha trocado en superstición, echando profundas raíces en las almas, lo que ha sido causa de que todos hayan esforzado al máximo por entender y explicar las causas finales de todas las cosas.” (Espinosa, 1980, pág. 64) Es en este punto donde “el orden geométrico” y la Matemática entran a versar sobre la esencia y propiedades formales del, siguiendo el ejemplo clásico, triangulo: la Idea en sí misma. En este sentido resulta irónica la intención antrópica de insertar lo metafísico al lenguaje matemático, para desmantelar los ideales imperantes y “absurdos”, como los considera.  Y, de igual manera, es ahí donde la pregunta por el maniqueísmo religioso-metafísico se difumina de su sentido clásico-escolástico: apertura la argumentación de los milagros como “sabio” y nunca como “necio”, aunque sea considerado “hereje” o “impío”.

Texto 6º: René Descartes – Meditaciones metafísicas (I – III)



Para comprender la intención de Descartes en este texto resulta de suma importancia la lectura de la carta a los teólogos, decanos y doctos de la Sagrada Facultad de Teología de Paris, la Sorbona (la autorización y aval de dichas especulaciones teóricas), ya que en esta se define la necesidad racional por brindar una explicación a la existencia de Dios y la distinción de lo que constituye al espíritu humano. Esta es una exigencia de la inteligencia viva que la filosofía puede ser útil para llegar a conclusiones posibles de dichas meditaciones. La labor que a la que se dedica es la de clarificar dichas cuestiones mediante la reflexión filosófica. El hecho de realizar sus meditaciones en primera persona corresponde a esa exposición de un pensamiento que se renueva en la ejecución reflexiva: “porque entonces yo no conocía nada de lo que pertenecía a mi esencia; solo sabía que yo era una cosa que piensa.” (Descartes, 1644, pág. 56)
En realidad, desde el prefacio al lector, Descartes quiere hace clara la distinción de que su yo es en realidad el espíritu inserto en su entendimiento, pero más que dejar una conclusión certera, libertar al espíritu mediante la naturaleza intelectual. Lo que pone en duda constantemente son las cosas que nuestros sentidos entregan aparentemente a nuestro entendimiento, y que llegar a una verdadera percepción sobre las mismas resulta en realidad una aporía que se salva mediante la comprensión de la existencia de Dios. Es por ello que hacer una relación entre el vilo y el sueño no resulta tan alejada para Descartes, por cuanto estas producciones imaginativas del espíritu deben ser dudas y reconocidas como el engaño más posible: “las imágenes de las cosas que residen en nuestro pensamiento.” (Descartes, 1644, pág. 63) No obstante, para ello hace ver que son las ideas de las cosas las que permanecen en el entendimiento como lo más posible a poner en duda, que resultan insuficientes siempre de llamarlas como algo cierto y seguro, o sea, todo en el mundo resulta como incierto. Esto quiere decir que existen dos tipos de ideas: las humanas y las divinas. Las segundas deben son causa directa de las primeras, y es en esto a lo que Descartes entiende la existencia de Dios, único reconocimiento que es capaz de orientar o conducir al conocimiento de la verdad, la única manera de meditar para poder conocer.
Las ideas son producciones ficticias del espíritu, pero estas puede ser significadas en plena conciencia de que es el acto de Dios residiendo en estas las que potencian el entendimiento humano. Esto refiere al pensamiento de Descartes a algunas distinciones aristotélicas sobre las causas eficientes y la substancia o causa formal que constituye la certeza esencial en las cosas mismas, en plena conciencia de la finitud de estas o de los accidentes que pueden presentarse en ellas (el ejemplo de la cera resulta muy ilustrativo en este caso). Es más, resulta curioso pensar que Descartes no concibe al cuerpo humano como certeza, a lo que le parece mucho más certero (en su duda) el llamarse “cosa que duda” que es capaz de contemplar la figura o la imagen de una cosa corporal. Para él en los juicios se encuentra la verdad y formal falsedad, en las ideas se encuentra cierta falsedad material cuando se representan lo que es como si fuera algo o cosa alguna.
Son estas relaciones las que hacen caer, de manera completamente objetiva, que es imposible concebir al humano como autor de sí mismo y de los modos de pensar (entendimiento del espíritu) debido a los modos de substancia contenidas en éste. La idea divina posibilita la idea humana, pero siempre como parcialidad de la primera, y sin esta concepción objetiva jamás se podrá orientar lo mejor posible el entendimiento hacia la única certeza existente, que es la perfección de Dios formal o eminentemente a lo que este entendimiento contiene más realidad objetiva que ninguna otra. De manera metafórica Descartes dice lo siguiente sobre lo que debería ser una meditación metafísica: “No debe extrañarnos de que Dios al crearnos, haya puesto en nosotros esa idea para que sea como el signo del obrero impreso en su obra. […] La fe nos enseña que la soberna felicidad de la otra vida, consiste en esa contemplación de la majestad divina.” (Descartes, 1644, pág. 81) Tomando estas consideraciones podría llegar a pensar que el hombre potencia su espíritu mediante el entendimiento orientado metafísicamente, y es Dios el único acto real y certero de su existencia.

martes, 2 de mayo de 2017

Spinoza o el abandono de la dualidad


Tal vez una de las lecturas más psicodélicas que he hecho, no pude evitar fascinarme con cada propuesta y cómo éstas iban agrandando el panorama de su idea de Dios, aún si esto resultase tedioso ya que lo menciona hasta para ir al baño. Para mí, la rareza en la propuesta de Spinoza radica en que aún desde el racionalismo y peleándose con lo que recién leímos de Descartes, él no rechaza totalmente la dualidad; sino que la diluye dentro de una idea aún más compleja: lo infinito. Nos dice que la idea de separar al cuerpo del alma es absurda ya que, para él, esas dos son sólo extensiones de una totalidad que se despliega eternamente. Es decir, que son nada más dos cualidades para la comprensión de la totalidad, reduciéndonos hasta la insignificancia. Es aquí donde tal vez me puse crítico con él, ya que resulta imposible para nosotros llegar a entender esa totalidad. Nuestra percepción es por naturaleza finita y nos hace caer en el error de simplificar una idea así, incluso con ejercicios matemáticos como la famosa paradoja del hotel infinito de Hilbert. Y sin embargo Spinoza no termina de soltar la idea de que la realidad tiene algo que centraliza y ordena todo, o sea, su propuesta viene a ser algo que presenta una armonía tranquilizante para cualquiera que necesita de la verdad, del orden.
Spinoza apuesta por la matemática para realizar una especie de radiografía de la totalidad, utilizando el esquema geométrico de Euclides a partir de axiomas, teoremas, principios postulados, definiciones y problemas (he ahí el por qué del título); es en este aspecto donde refleja lo realmente moderno que es. A pesar de esto, lo que realiza en su Ética es brillante, ya que en el mero ejercicio de producción lógica, él va generando una estructura de la realidad que se despliega y respeta matemáticamente la totalidad de sus postulados. En toda su obra es difícil hallarle fallos técnicos a su razonamiento, pues a simple vista no se manifiestan. Spinoza aspira a la des-antropomorfización de Dios, de alejarse de toda superstición, dejando así el punto central que ordena el universo como algo totalmente ajeno a nuestras exigencias egoístas. En ese sentido imagino el por qué de el rechazo tan fuerte que recibió Spinoza por su propia gente, es decir, el tipo de exilio no es comparable con el de ahora. Seguramente lo detestaron, lo repudiaron, le cerraron las puertas y él tuvo que dedicarse a otras cosas.
Spinoza plantea una nueva filosofía. En concordancia con una construcción sistemática y una nueva forma de plantear el pensamiento en sistemas. Es una nueva forma de ver la realidad en la que está inmerso el hombre y una forma de manifestar los acontecimientos o actos que realiza el hombre, que hasta cierto punto pueden ser ilícitos.
La libertad es algo que señala de buena forma situándola como el culmen de los actos del hombre y que va dentro de su relación con los demás. Además, está su actuar y comportamiento sea en la sociedad como él mismo. Es aquí donde regreso al tema que más me intrigó del libro: el abandono de la dualidad que hace Spinoza; más específicamente en cuanto a la separación cuerpo-alma. Ya que si estos dos atributos se juntan en la sustancia, entonces se anula la eternidad personal. 

Javier Flores
Carnet No.1277817 


lunes, 1 de mayo de 2017

Acerca de Spinoza y ética: una reflexión quizás errada

Las reflexiones realizadas por Spinoza en su obra “Ética demostrada según el orden geométrico” giran todas entorno a un mismo tema: Dios. Para el autor Dios es la causa eficiente de todas las cosas, pues todas terminan siendo atributos o resultados del mismo. Pareciera ser posible, entonces decir, que el conocimiento de las cosas permite al individuo acercarse a Dios. Dentro de los temas que Spinoza trabaja se encuentra la relación entre mente y cuerpo, pues finalmente es gracias a estos que somos capaces de experimentar y comprender, siendo este último un acto puramente humano. Si bien Descartes trabaja la separación entre la razón y los sentidos, Spinoza también los diferencia, pero no desestima a ninguno de los dos, por el mismo hecho que toda sustancia es finalmente un atributo de Dios. “Un cuerpo no es limitado por un pensamiento, no un pensamiento por un cuerpo”. (Spinoza, 1980, p. 29)

El concepto de idea es otro de los trabajados por Spinoza, definiéndolo como una acción del alma, de carácter indefinido, debido a que no se ve limitada por la naturaleza de la cosa que representa, pues no es necesaria que la existencia de esta sea explicita. Sin embargo, esta es consciente de si misma. Además, Spinoza plantea que “las ideas de cualquier alma humana son unas adecuadas y otras mutiladas y confusas.” (Spinoza, 1980, p. 125) Esto lo explica el autor cuando se dedica a hablar de los afectos. Los cuales son afecciones propias del cuerpo con una carga de potencialidad, la cual puede dar origen a un actuar o a las pasiones. Siendo lo primero resultado de una idea adecuada, cuya característica es que a partir de la misma puede ser concebido y distinguido el efecto que tendrá, mientras que el alma se encuentra expuesta a las pasiones mientras más ideas inadecuadas se conciban. Spinoza señala también que toda cosa puede ser causa de alegría, tristeza o deseo. Siendo estos tres afectos los principales componentes de las demás pasiones. Es a través de los afectos que Spinoza reafirma la relación que existe entre el cuerpo y el alma. Él afirma que al imaginar algo que nos causa cierta sensación el cuerpo reacciona a esto como si se encontrara presente.

Ante lo antes mencionado me pregunto acerca de cómo se relacionan con el concepto de ética, pues como se encuentra indicado en el título, es aquello que el autor trata de plantear.  Fuera de la figura de Dios, que es de quien todo surge, es en el planteamiento de los afectos y las pasiones que le encuentro conexión. Para Spinoza el cómo se concibe algo se encuentra ligado a los afectos. “Nosotros no intentamos, queremos, apetecemos ni deseamos algo porque lo juzguemos bueno, sino que, al contrario, juzgamos que algo es bueno porque lo intentamos, queremos apetecemos y deseamos." (Spinoza, 1980, p. 132) Es por lo mismo que estos afectan a todos de diferentes maneras. Sin embargo, cabe resaltar que el juzgar de esta manera no indica una verdad, pues, como ya se ha indicado las pasiones son resultado de ideas inadecuadas. Es debido a esto último que Spinoza regresa a la idea de Dios como causa efectiva. Pues, si se tiene conciencia del por qué se actúa, el individuo evita caer en pasiones y tiende a las acciones que traen consigo las ideas adecuadas. A a a a a a a a a a a a a a a a a a
 A a a a a a a a a a
Referencias

Spinoza, B. (1980). “Ética demostrada según el orden geométrico”. Madrid: Editorial Nacional.

Comentario # 4

Comentario # 4

Sobre el Sofista y el Filósofo (de Marcela)

Este comentario es una mezcla de tus dos publicaciones en las que a mi forma de ver, estas salvando la perspectiva de los sofistas.

Considero que tu texto trata de hacer de cierta forma justicia a los sofistas, quienes son para los filósofos los Otros, que no son idénticos. pero que en ellos pueden verse hasta a sí mismos.

Inicialmente pensaba que si bien es una ofensa para un filosofo ser llamado sofista, no podemos predeterminar el antagonismo en este término al que en realidad podríamos agradecerle unas cuantas cosas. La figura del filósofo contrapuesta con la del sofista demuestran una desigualdad vistas desde el verdadero conocimiento, pero al mismo tiempo muestra una mas balanceada perspectiva en el esfuerzo por buscar y encontrar el conocimiento.

Ambos, el filósofo y el sofista se dedican a encontrar conocimiento, el uso y manejo de ese conocimiento es lo que los hace diferentes. Cuando haces la pregunta sobre la razón de ser filósofo, repasaste muchas de las características que el filósofo puede traer, pero las del sofista no se quedaban atrás, considero que en esta búsqueda de conocimiento a veces hay que ser como el sofista que sabe que sacará provecho, pero hay que sacar el provecho como lo haría el filósofo, con ambiciones intelectuales.


Ahora pienso que la filosofía no es una necesidad básica en el ser humano, por lo menos en este momento histórico la búsqueda se ha hecho tan instantánea que el camino a recorrer no es lo importante. La causa final del filósofo es que lo validad, cuando en realidad el filósofo es mucho más que eso. Concuerdo contigo al conciliar el arte y la ciencia como trabajo y obra del filósofo, sin embargo, la esencia que el filósofo tiene es la misma que él mismo busca. El encontrarla es la misión del sofista, pero el recorrido hacia esta es la razón por la que el filósofo es eso mismo, filósofo. 

Descartes: Meditaciones sobre un Dios que se piensa.

¿Es el geniecillo malvado una redención de quien se ha considerado como el padre de la Modernidad? Una redención de su soberbia, de su apresurada reflexión sobre la vida y la ciencia. Una redención sobre su contradicción: Si se piensa y luego se existe, entonces ¿dónde quedan las emociones, los sueños, las descripciones, todas las demás percepciones que hacen de la raza humana única? Descartes, en Meditaciones Metafísicas, desarrolla en un estilo narrativo, su planteamiento sobre qué es el vivir y cómo el pensamiento es la causa de todas las razones. Se imagina a sí mismo encapsulado fuera del tiempo y el espacio, para poder verse desde arriba, o en otras palabras, para objetivarse (un intento demasiado científico para ser filósofo; pero considerando que también trabajaba en el área matemática...) y es ahí donde descubre que hay una tendencia por confundir el sueño y la realidad, la imaginación con lo factible, porque así como hay imágenes cuando se entra en estado de reposo, así también hay en la vida. El problema de Descartes es cómo asegurarse que las imágenes que se le representan son en realidad una expresión de verdad. Concluye esta primera parte diciendo que no podría hacer ese circunloquio si no fuera porque tiene una capacidad pensante que le permite sentir. La mente precede a la sensación. De esa manera, explica*:
Soy una cosa que piensa, es decir, que duda, afirma, niega, conoce unas pocas cosas, ignora otras muchas, ama, odia, quiere no quiere, y que también imagina y siente, pues, como he observado más arriba, aunque lo que siento e imagino acaso no sea nada fuera de mí y en sí mismo, con todo estoy seguro de que esos modos de pensar residen y se hallan en mí, sin duda.
 Al establecerse como objeto receptor de su realidad, le parece extraño nuevamente que haya una contradicción respecto a su origen, por lo que es ahí donde se redime como filósofo y explica, que de no ser por Dios, el hombre no podría tener una capacidad racional para concebir el infinito. Sin embargo, no lo concibe, pero sabe que existe. El saberse a sí mismo finito, imperfecto e inacabado, no sería posible si no existiera un Dios todopoderoso que permitiera una aspiración a la máxima capacidad, aunque sabe que nunca llegará a ella. ¿Quién es el geniecillo? Y me pregunto entonces, ¿podría ser un primer indicio del inconsciente (no-conciencia), que está tan ligado a los sueños y su relación con el mundo construido a partir del lenguaje?

*Descartes se refiere a expresiones de la conciencia, de la mente.

Baruch Spinoza – Ética Según el Orden Geométrico – La liberación desde un Dios que piensa

La ética de Spinoza se caracteriza por ser una especie de escape a los prejuicios propios del ser humano, utilizar el orden geométrico logra que se evada el antroporfismo. Las ideas de Spinoza, a diferencia de las de Descartes pone a Dios como el inicio de todo y no sólo como a donde todos llegan; otra diferencia que debe ser rescatada es la concepción de naturaleza puesto que mientras Descartes negaba toda autonomía a la naturaleza, Spinoza piensa en la naturaleza como causa y fuente de todo. Hay que tomar en cuenta que para Spinoza la naturaleza es Dios, por tanto Dios es causa y fuente de todo y de la misma forma Dios es causa de sí mismo. Dios ha creado todo sin propósito aunque no por capricho aleatorio, esto significa que la existencia de todas las extensiones de Dios no tiene un propósito explicito, aunque si hay una tendencia a la búsqueda de la plenitud del ser.

Pensarse como una extensión de Dios presenta cierta divinidad en nuestra existencia, pareciera esta ser otra forma de dominación de la religión, pero en realidad no lo es de esta forma tan tajante ya que al poder tener una razón, nos es posible juzgar y conocer. Si bien todas las extensiones de Dios buscan perdurar, pero no solo eso, hay más posibilidades. Nos es posible tener una mente activa y una mente pasiva, por su parte la mente activa tiende a ideas adecuadas, las cuales de acuerdo a Spinoza están más cerca de la verdad. Por otro lado la mente pasiva tiene ideas inadecuadas, estas ideas nos llevan entonces a la esclavitud humana porque las pasiones nos dominan y nos alejan de la verdad que nos promete la plenitud del ser. Si estas pasiones no son controladas se afecta la humanidad y no nos es posible vivir en armonía, esto es inaceptable y de nuevo me lleva a creer que esta podría ser solamente otro enfoque para que la idea de Dios nos discipline, o nos ordene a actuar en cierta forma. Aún si esta forma de dominación funcionara así, tiene mucho más sentido que la religión que bajo dogmas absurdos porque en este modelo de orden geométrico se persigue una liberta que si podría beneficiar de formas más evidente e integral al ser humano. Spinoza nos da un valor divino con el que la razón nos puede guiar a conocer y así distinguir lo que nos lleva o nos aleja de lo beneficioso o virtuoso.

El pensamiento, la mente o la razón son las claves para entender que Spinoza no busca evangelizar sino busca la apertura ante las decisiones que nos lleven a un objetivo de conocer y alcanzar la plenitud o mayor felicidad. La esencia de nosotros como seres humanos se encuentra en nuestra cualidad de ser una extensión de Dios, que como Dios mismo piensa y que es parte de ese intelecto infinito de Dios. Al tener la capacidad de acercarnos a las cosas y entender que las cosas son como son por su naturaleza podemos entonces alcanzar tranquilidad racional, felicidad, liberación de ser conducidos por nuestras pasiones que al final nos alejan de lo bueno. La estructura metódica que Spinoza presenta es también garantía de que el orden lógico puede proveer de esa libertad de pensamiento. La estructura geométrica responde a la necesidad natural de tener una causa final, y esta necesidad se alivia al encontrar que aún sin la causa final aún hay un objetivo, una tendencia que tiene leyes lógicas para la armonía y plenitud de las extensiones de Dios, es decir, nosotros los seres humanos.


Meditaciones Metafísicas – Texto 7


Si todo es dudable, no hay punto de certeza para tomar como parámetro. Para René Descartes, como para muchos otros pensadores, mucho de lo que creemos es pura convención social, pura ciega confianza, o inocente seguimiento de la norma que nos rodea. Dudar acerca de esto no está mal, especialmente cuando lo sentidos no pueden lograr comprobarlo todo. Para Descartes, la duda metódica ocupa un espacio que pretende encontrar veracidad o disminuir la falsedad en lo que se cree conocer. Lo particular aquí pierde importancia puesto que no podemos intentar comprobar todo, esta tarea es ambiciosa e imposible.
Al intentar distinguir entre estar dormido o despierto, debemos contemplar por un lado que la duda sólo tiene sentido en cuanto estamos despiertos, puesto que cuando dormimos esta no es una preocupación. Por otro lado, la preocupación en el sueño se desvanece en cuanto la memoria cobra su cuota de importancia, pues la memoria está vigente en cuanto va acumulado ideas y en un sueño no podemos recordar, así es como podemos distinguir estar dormidos de estar despiertos.
El genio maligno no es desconfianza en uno mismo, sino desconfianza en las decisiones que tomamos, en lo que aceptamos como verdadero o no. Si somos entendimiento y razón, nada es más fácil que conocer que el espíritu porque este permanece aunque este ciego, o sordo, o no tenga manos o pies. No dejamos de existir solo porque nos falta algo en el cuerpo, es el espíritu el que lleva la batuta de nuestra existencia y por ello no se puede dudar de la misma. Si partimos del presupuesto que dice: Ser es pensar, entendemos que estar conscientes nos da existencia, nos da razón de la condición en la que estamos y en la que quisiéramos o podríamos estar. En realidad somos producto de lo que experimentamos, estas vivencias nos hacen conscientes de que razonamos y por lo tanto existimos.
La idea de Dios es bastante económica para Descartes, al partir de la perfección de Dios y de cómo Él todo lo hace perfecto, nos guía a tratar de ver que Dios no puede ser malo o no puede engañarnos porque por concepto eso no es Dios. Al reconocer que Dios nos proporciona también libre albedrio y voluntad, el ser humano goza de elecciones sobre lo que acepta como verdadero y lo que no acepta. Estas ideas de cierta forma se contraponen porque la existencia de Dios no es determinante para mi existencia, aún cuando Descartar ha colocado la idea de Dios como una idea que para el hombre no ha sido adquirida o adoptada sino es inherente, ya está instalada en nosotros. Desde Descartes si se siente real esa idea de que Dios ya viene en nosotros como una verdad indudable, así es como Descartes vivió, sin embargo esta idea no es necesariamente vigente para nosotros ahora.

Por otro lado tener más voluntad que entendimiento nos empuja a la inseguridad, pues buscamos certeza como equivalente a estabilidad. La duda sobre el conocer es una preocupación sobre nuestra existencia, es una preocupación sobre el mucho o poco poder que tenemos para legitimar ideas basadas en nuestra experiencia. Esta inseguridad pareciera ser parte de la naturaleza humana y nos hace cuestionar lo que somos y lo que podemos hacer. Por ello al pensar en el ser humano tendemos a distinguir el espíritu del cuerpo, con ello Descartes deja en un lugar bastante privilegiado el espíritu, pues es este el dotado de indivisibilidad y por lo tanto una permanencia más influyente y casi legitimadora que el cuerpo. Así es el espíritu la garantía de nuestra existencia y al mismo tiempo al herramienta para dudar y no la duda en sí.

¿Por qué Ser filósofo?

La Filosofía nace "siempre" desde la admiración; desde la sorpresa ante lo que es la vida, y de cómo es posible conocer (a través del sentido de la vista, diría Aristóteles) lo que se presenta. ¿Qué es la Filosofía: Un arte, o una ciencia? Un arte es el dominio de una técnica, mientras que la ciencia es la investigación de las causas. Sin embargo, la ciencia solo puede describir la naturaleza-"no dice por qué el fuego es caliento, sino solo lo que es caliente"-y no se mantiene en un rango "tan humilde" de aceptar la ignorancia, que es el motivo de la constante búsqueda en el filosofar. Otra diferencia que se puede vislumbrar en ambas profesiones es la del momento de investigación: En la ciencia, se obtiene la relación con el objeto de estudio en un espacio y tiempo determinado para poder experimentar con él, para comprobar teorías y realizar hipótesis sobre los futuros acontecimientos, mientras que la Filosofía admite tanto el movimiento como la inmovilidad. Por otro lado, se conoce al filósofo como sabio; quien domina el arte, de saber el no-saber. 
Pero del lado del arte, ¿qué técnica es la que domina el Filósofo? ¿La de cuestionarse? ¿No sería eso una "atracción natural del hombre"? De no ser lo que buscan todos, ¿qué tiene de especial la técnica del Filósofo? Eso se responde en los conceptos "Ser" y "Ente", reunidas en la denominada "Sustancia". La correspondencia del Ser y del Ente, para el Filósofo, significan el comprender también la material del cual es partícipe. Me explico: Él mismo es a la vez un ser y un ente (estrictos sinónimos), que le permiten distinguir su sustancia-dentro de la cual se incluye su profesión-, pero como es solo hasta la época moderna en la que se restringe la causa a la "eficiente", se debe analizar cuáles son las demás para entender la motivación de este trabajo «ocioso». La causa material de un Filósofo es un cuerpo humano conformado por varios sistemas que,a  la vez, están compuestos de la unión de órganos funcionales, y que en su principio son células, y aún antes de células son moléculas, y éstas, conjuntos de átomos. La causa formal, por otra parte, es la superficie del cuerpo ue llegarían a ser los rasgos característicos de cada Filósofo (erróneamente visto como un anciano, un bigotudo, o un calvo). La causa eficiente, previamente establecida, es la de hacer preguntas que probablemente nunca tengan respuesta, mientras que la causa final es la de aportar un pequeño trozo de lo conocido como "la verdad" (hablando de verdad, ¿debe ser unívoca cuando ya se ha dicho que la vida está compuesta de contrarios?). Dicho esto, se supone que se tiene el ente y el ser, para llegar a la Sustancia del Filósofo. Empero, pareciera que esta fórmula no es aplicable a los rasgos generales, sino únicamente a individuos con características específicas. Concluyendo desde ese punto, y aunque con muy buenas intenciones, Aristóteles equivocadamente quiso ubicar al Filósofo en un intermedio del Arte y de la Ciencia, que realmente es incomprensible si no se toma en cuenta que cada experiencia y admiración por la vida es única e irrepetible. Y es que, la vida, se dice de muchas maneras.

El Concepto de Otredad en Platón

Lo que llamamos no-ser, a mi parecer, lo contrario del ser, sino solo una cosa que es lo otro.

El Sofista es un diálogo de Platón que aclara, en primer lugar, que no es lo mismo un sofista, un político y un filósofo. En segundo, lo que significa que exista un ser que es a la vez múltiple y uno, móvil y quieto, apariencia y verdad. Es decir, hace una fundamentación de su mundo de las ideas por medio de un debate, al final de la conversación, sobre el concepto que se mantenía (gracias a los filósofos de Elea) del no-ser. El diálogo comienza utilizando un método de distinción, por lo que va separando términos para encontrarse con la "esencia" de lo que es un sofista. Finalmente, se encuentra con cinco definiciones: un cazador de jóvenes ricos, un comerciante de conocimientos, un mercader de sus propios conocimientos, un discutidor, y un purificador. El diálogo llama a la reflexión cuando comienza a utilizar al ser para describir al sofista, pues también lo describe como un copista y, a veces, como un imitador fantasmagórico. La diferencia entre ambos es que el primero imita haciendo cambios en la apariencia para que el espectador tenga un placer estético, mientras que el segundo habla de cosas que dice saber pero que realmente son difusas. Entonces, ¿por qué el titulo de Sofista, cuando trata de establecer un punto de comparación entre las personas con gran influencia de la polis a partir del no-ser? Probablemente esta pregunta se resuelve al llegar al final de la lectura, cuando define al sofista como un discutidor que tiene como herramienta principal el no-ser (que en realidad es un ser). En otras palabras, alguien que hace que el oyente ponga en duda sus saberes por medio de un discurso sin sentido.
Al hacer la lectura, parece injusto estudiar en Platón ciertos términos que él mismo desconocía, como lo es la otredad (o la alteridad como también se le conoce). Sin embargo, al hablar del no-ser, y de la coexistencia del ser en el no ser y viceversa, es difícil contemporáneamente no ubicar esas ideas en un ámbito práctico. ¿Quiénes eran la "Otredad" en el tiempo de Platón? Los extranjeros, o los bárbaros, así como los esclavos. Desde ese punto, es importante la figura del que enuncia el tema principal del diálogo. El no-ser no es nada, sino que es algo desconocido, algo que no se comprende en su totalidad ("casa no es árbol"): Una ambigüedad. El Sofista es, a partir de esa perspectiva, el defensor de la alteridad, de la contradicción, y de la duda.