sábado, 1 de abril de 2017

Verdad, apariencia y no-ser



Texto 4º: El Sofista o del Ser – Platón: Verdad, apariencia y no-ser.

Existe una clara intención en Platón por plasmar su logos en la constitución del diálogo. Esto es, como estrategia discursiva, ya a sea en la elección de interlocutores o el intercambio de oradores[1], por ejemplo. Estos detalles significan de cierta manera el tema o tópico a ahondar, y que moviliza lo dialogado con matices respectivos. Para éste hay una cuestión a responder: ¿quién, o qué, es el Sofista? La pregunta surge de la típica argumentación homérica[2] por parte de Sócrates, que al presentarse Teodoro con el Extranjero, le hace saber que quien lo acompaña es “todo un filósofo”. Es en este punto donde se coloca el cuestionamiento por la apariencia que él (Teodoro) ha legado a Sócrates sobre su acompañante, el Extranjero. A lo que Sócrates opta por dejarlo tomar el micrófono.
Deja en duda y comparación (dialéctica) que tanto político, sofista y filósofo aparentan cierta unidad en cuanto a sus conocimientos. No obstante, se argumenta lo siguiente: ¿cuáles son las intenciones particulares, o sea, sus pretensiones individuales? ¿Qué los divide en “especies” diferentes? Y más específicamente: ¿qué son, en esencia, cada uno? Partiendo del “pequeño modelo” que es el ejemplo del pescador, intencionalmente el Extranjero si inserta a la dilucidación dialéctica-lógica-argumentativa[3] sobre las técnicas que corresponden a éste. Para así, hacer una analogía crítica sobre las técnicas de las que se vale el sofista[4]. El problema en el cual el Extranjero encuentra la pregunta por el ser, es aproximándose a la inversa: ¿cómo es posible que lo que el Sofista parece –y entrega como tal– en realidad sea? Este cuestionamiento está orientado a argumentar aquella atávica prohibición parmenídea, y plantear la consideración nociva del no-ser (relativo) como posibilidad de existencia. Y, en ello, otro camino hacia la verdad. Aquí es donde Platón, y su “Teoría de las Formas”, se filtran en boca del Extranjero; haciéndole ver a Teeteto que es casi imposible concebir, articular o si quiera imaginar la nada sin el correlato del ser.
Por ello he resaltado en el titulo éstos tres conceptos: verdad, apariencia y no-ser. La importancia de disponer de ellos a lo largo del texto para su comprensión. El filósofo (y en el caso específico de Sócrates) en cuanto a su apariencia, en su intervención especulativa a los interlocutores, permanece en una búsqueda inacabable por la verdad, en hacerle su justicia respectiva. O véase el arte mágico, prodigioso y fantasmagórico de la purificación sofistica. La cual no plantea búsqueda alguna, sino que aparenta posesión de conocimiento. Y en ello, la justificación de sus especulaciones, que más parecen absolutos que se dicen rebozar de verdad. Recuérdese cómo Protágoras dijo en su momento el famoso: el hombre es la medida de todas las cosas. Empero ambos necesitan ser reconocidos de manera particular (filósofo y sofista); aunque también comparten de cierto no-ser relativo. Cuando Platón, por medio del Extranjero, habla sobre la existencia de un no-ser, se enfoca en distinguir la apariencia de la que se vale el sofista para construir imágenes. Estas cual sombras que se proyectan. El que-hacer del filósofo, para Platón, es el dejar que la luz del sol (la virtud) sea el productor de las imágenes, o sea, las formas que, aun así, no son presentación de la verdad en sí. Ya dijo bien Sócrates que hay que parirla por medio del dialogo.
La complicación sobre este punto se ve al momento en que el Extranjero intenta hacer entender a Teeteto que es imposible pensar en la nada en general, sin estar está asociada a cosa alguna. A lo que se toman en consideración los siguientes conceptos metafísicos pre-socráticos: ser, reposo y movimiento. Y en esto se evidencian tres dimensiones interactivas, operando en su función respectiva. Pareciese que Platón intenta realizar una síntesis de estos conceptos en este dialogo. Una especie de actualización, al conjugar su argumento sobre de lo “Uno” y lo “Múltiple”. Pero es de esta manera que se hace visible la rigurosa y ardua empresa a la que se empecina el filósofo al lanzarse a intento por abrazar el ser. Por cuanto sus razonamientos intentan rodearlo. Para que, como producto, la verdad surja cual acto orgánico de discurso intercambiado, razonamientos periféricos en la conceptualización del ser. El Extranjero quiere encarnar la tarea dialéctica del “filosofo” que Platón ve idóneo. Incluso resulta irónico de su parte el no reconocer ni por nombre o categorización del Extranjero.  Nomás nos dice de él aquella frase aparente, de que éste es “todo un filósofo”. Para nada es un accidente narrativo-discurso, sino que considero aquí una exhortación de su parte al lector para preguntarse quizá ¿será el Extranjero un filósofo? Para lo cual dejamos la incógnita…


[1] Como en este caso: Sócrates le concede la palabra al “Extranjero” de Elea.
[2] Me refiero a la ironía de Sócrates en algunos diálogos, cuando cuestiona el carácter certero de la vida mediante citas de Homero. Esto me lleva a algunas preguntas, quizá innecesarias, para éste: ¿extranjero que se recibe al estilo Telémaco o Ulises? O, ¿será un extranjero al pensar de sus adláteres eleatas Parménides y Zenón?
[3] Este manejo dialectico es el método de la división.
[4] Parafraseando: cazador y disputador privado de animales domésticos en la producción de simulaciones, capaz de perpetuar el ingreso capital personal a cambio de ilusiones

Ascenso al ser



Texto 3º: Parménides – “Sobre la naturaleza”: Ascenso al ser.

El texto se ve inmerso al lenguaje poético, lo cual convierte su referencialidad en una esencialmente simbólica (mito = mentira)|; sin embargo, hay una necesidad de enseñanza –didáctica o pedagógica quizá– de parte de Parménides en este hecho: “Ya solo un mito como camino / queda: lo que es.” Y lo que quiere dejar claro, e incluso reiterado, es la paradoja existente entre lo sostenible del ser en el ente y su estado de apariencia, pero que siempre debe ser. Pero regresemos a dos conceptos que, en el poema, pareciesen tener similitud: camino vs. sendero. El aprendiz que va siendo arrastrado por las yeguas, guiadas por un “ingenio-daimon” en términos socráticos, y que para éste es la “demonia” (¿en que se distinguen ambos conceptos?). Todo este movimiento lo lleva hacia las puertas del “conocimiento uránico”: la justicia (hogar de la diosa) es el camino último. Ambos llevan, pero solamente uno debe permanecer, y cuando Parménides habla de los “senderos de la Noche y del Día” se plantean el mundo de la luz que toca a los cuerpos, frente al sentido de la apariencia –que también es iluminado por las “seductoras” doncellas (las Heliades). Sin embargo, para Parménides debe prevalecer la inteligencia, potenciar cierto plano lógico y óntico de manera simultánea. Y también nos dice: es imposible que el pensar se separe del ente, en cuanto que aquí se contempla una contradicción enfática intencionada. Es más, para Parménides el ente es la única posibilidad en la que se puede aproximar al conocimiento (el camino), hacia la autenticidad – por poner en otras palabras, mucho más actuales– del ser. Quizá esta es la orientación hacia la “Justicia” de la que habla, cual epitome inalcanzable, sin embargo necesaria o natural al humano pensante que éste plantea poéticamente. 
Heidegger –en su afán por sumergirse en el lenguaje, para contornear el supuesto cimiento o suelo del cual el “ser” se enraíza– llega a distinguir que lo que se ha llamado y se cree llamar “ser”, desde su historicidad-temporalidad, se planta en por su esencia articulatoria. También identifica un conflicto de nombramiento, debido a lo indefinido (infinitivo) del término “metafísica”. Pero para Parménides esto es una necesidad, o sea, reconocer este dualismo en la búsqueda por el ser en/del ente. Pero mejor aún, solamente por el ser. Aunque se concentra, desde su inicio, en definir una tarea ontológica específica para el humano, en ello se deja evidencia su visión sobre el qué-hacer metafísico. Distinguir el sendero (de los “mortales no videntes” con sus “opiniones extraviadas”) y ver que lo que impera es la apariencia de lo aparente. Esto es, que se posee por naturaleza de cierta iluminación o plasticidad; más el camino es, en cuanto que solamente éste lleva al ente. Este es el guiar del logos que Parménides propone, aunque también es consciente de que padece estas apariencias. Cuando el aprendiz, o el joven iniciado, “debe” –y aquí Parménides prohíbe ciertas prácticas– buscar la ascensión del conocimiento a la verdad. Resulta irónico el método de significación simbólica en la que Parménides quiere expresar el sentido y autenticidad del ser. El motivo principal es el reconocimiento de la conciencia pensante del ente al respecto de su propio ser, según lo entiende Parménides. Y quizá también podría ser posible concebirlo cual vivencia –otra vez, con un lenguaje recontextualizado– del ente mediante el acto de inteligibilidad: “[L]a entraña inmóvil de la Verdad bien redonda.”
Aproximarse al ser del ente es, para Parménides, reconocer la identidad necesaria del mismo como pura y simplemente neutro. El camino único que conduce a la asunción de la racionalidad (con el nous activo). Esta dualidad también se presenta en el acto poético y el  intento de expresar de manera enmascarada su pensamiento o razones sobre lo que podría llamarse ahora el qué-hacer metafísico de Parménides. En cuanto que sabe haber ingresado a eso dominios inalcanzables, pero necesarios en lo que la diosa pronuncia su conocimiento. Que se ve en la figura de la luna: esto apunto al sentido de su propio ser en la (des)semejanza. Y esto sirve como excusa para relacionar racionalmente las disciplinas de diversas ciencias en la geografía, astronomía y biología, o sea, que se tocan simultáneamente de manera poética. Empero este es un acto lógico-racional. De igual modo puedo especular que esta es su conciencia sobre la “pretensión a la verdad” de su poema, que se debe a la nominalización, o nombramiento, de “las apariencias en cuanto son aparentemente”. En esto se trasluce el concepto de creencia, también enmascarado en el poema, ya que lo que puede llamar Parménides son opiniones de mortal (los bicéfalos están prohibidos a nombrar) con nous. Pero sobre todo, las apariencias de lo aparente son una creación mortal, de un dominio al que pretende la verdad. Entiendo que este jamás es entendido como un destino, o término, sino como el camino hacia el ser del ente en cuanto tal.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Comentario # 3 – Sobre el texto: “De lo múltiple del ser”

En definitiva Aristóteles nos ha demostrado que la equivocidad del ser, es una cualidad del ser que no podemos obviar. De la misma manera, comparto esa preocupación en torno a la limitación a la que nos enfrentamos al intentar hablar del ser. En esta búsqueda hacia el ser buscamos estar tan cerca del mismo como  nos sea posible para experimentar y salir de toda esa red de dudas que al final resultan nos alejándonos del ser en sí.

Pienso que la multiplicidad es lo que se quiere rescatar y sobre todo, lo que se quiere resaltar. La multiplicidad no significa caos, desorden u oscuridad, no se trata de ver al ser como inalcanzable o imposible de aproximación; la multiplicidad es simplemente la variedad de la que el ser está compuesto. Mientras tanto a mí me sigue resonando la frase “El ser se dice de mucha maneras”, pero no como una idea problematizadora que entorpece todo tipo de acercamiento con el ser, esta frase es ahora más bien un alivio, un recordatorio de que no existe solo un camino hacia el ser, y lo más importante es que lo principal que debe ser mencionado es que lo que cuenta es recorrido hacia el ser. La sustancia es lo que buscamos para de cierta forma identificar al ser, pero esta no se nos revela como valla publicitaria con luces de neón, la sustancia requiere un poco más de camino recorrido, requiere empaparse con la lluvia del recorrido hacia el ser.


En fin, considero valioso entonces que recordemos alejarnos de los absolutos, así como lo hace la filosofía tal vez sin querer. No busquemos, o pretendamos absolutizar, normatizar o categorizar procedimientos hacia el ser puesto que lo importante es el recorrido, y en ese caso los múltiples recorridos.

De lo multiple del ser

Aristóteles, en la Metafísica, establece como su objeto central de estudia a las causas, los principios y elementos de la sustancia. Sin embargo, a lo largo de todo el texto lo que resalta acerca de estas sustancias es su multiplicidad o equivocidad, debido a esto no puede darse una definición única de estos conceptos. […] el ser se dice equívocamente…” (Aristóteles, p. 70) La sustancia puede ser materia, un cuerpo simple como lo es la tierra o el sol, a su vez puede ser enunciados cuyo predicado no recae sobre un sujeto, como el alma en los animales. Inclusive puede llegar a comprenderse a la sustancia como números. De la misma manera que la sustancia no pude definirse de manera tajante, sus causas también se presentan en diferentes especies. Desde lo material hasta la finitud, pasando por lo que se mantiene estable o no: la quietud. A partir de esta diversidad Aristóteles termina preguntándose si, al encontrarse frente a estas realidades diferentes, lo que debería de hacerse es tratar de distinguir las causas de cada una de estas. “Puesto que las causas se dicen en varios sentidos, es preciso enunciar todas las causas posibles.” (Aristóteles, p. 117) Ante esto, considero que si bien existe una diversidad no puede abarcarse toda esta al momento de querer hablar.

A mi parecer lo que Aristóteles trata de expresar en la Metafísica es el hecho de que la sustancias y sus causas se caracterizan por ser múltiples. Él no busca el encontrar y enumerar cada causa, simplemente quiere hacerle entender a su lector que no existe una especie única o ultima de la sustancia. Es por eso que él propone enunciar las causas más próximas de una sustancia al momento de querer estudiarla y no querer abarcar cada una de sus posibilidades. Esto me hace recordar a lo que decía el padre Gallo en su texto “El acontecer” al decir que “el término «es» generalmente no se da solo sino determinado: es hierro, es agua, es viento […] Lo cual nos conduce a la observación de un contenido definible, no al mero acto de existir.” (El acontecer, 2016, p.3)

Considero que este acercarse al ser de una manera determinada, ya sea a través de la fenomenología u otro método, es la forma en la que podemos evitar caer en un ciclo cuyo fin no existe. Al mismo tiempo puedo comprender el por qué en un momento se llamó a la metafísica la filosofía primera. No es solo debido a que la metafísica se encarga de estudiar el ser, el cual es considerado como algo que todos los fenómenos comparten, algo que es primero a todas las causas posibles de este, si no al hecho que el camino de la filosofía no tiene como fin una verdad universal, si no el reflexionar acerca de los fenómenos que se le presentan al individuo, partiendo de cada una de sus posibles manifestaciones.

Referencias

Aristóteles. (s.f.). Metafísica. Recuperado de:       http://www.mercaba.org/Filosofia/HT/metafisica.PDF


Gallo, A. “Introducción”. En: El acontecer. Metafísica desde la fenomenología (pp. 3-17); Guatemala: URL, 2016.

lunes, 27 de marzo de 2017

Texto # 5 – Metafísica / Aristóteles


Suena casi a cliché, pero ¿qué es lo que está tratando de dejar en claro Aristóteles? Considero tomar que se deben tomar en cuenta tres aclaraciones: primero que las muchas maneras no se rigen por categorías rígidas como las ciencias actuales. Segundo que las múltiples y diferentes maneras no son infinitas. Tercero que todas las maneras tienden hacia la esencia, es decir no se aíslan una de la otra, muchas veces se relacionan y se entrelazan.

Al reconocer que la ciencia que conocemos hoy no es la que rodeaba a Aristóteles, comprendemos  que no existe en esta perspectiva un sesgo que deslegitimice la variedad de probabilidades en las que puede presentarse e intentar comprenderse el ser. Desde la perspectiva aristotélica, el llegar a las cosas mismas no es cuestión de un método absoluto, puesto que se reconoce la variabilidad que el ser presenta. Bajo esta perspectiva se admite una variedad menos rígida que permite reconocer el ser desde diferentes entes, por lo que el ser en cuanto tal no se aleja abismalmente de la comprensión como un universal, ni se reduce a las particularidades que es demasiado inaccesible su sustancia.

Por otro lado, debemos identificar que lo que interesa a la metafísica no son las variables del ser, sino el ser en cuanto tal. Es la cualidad de ser, la que intriga y motiva a los pensadores a tratar de buscar una forma de comprender esta relación que reúne a todo lo que es. El ser en sí es lo que se trata de descubrir y esta sustancia que nos proponemos encontrar nos lleva a encaminarnos a muchas rutas. Estas rutas (categorías) que se pueden utilizar para el recorrido van desde las especificidades del individuo hasta las generalidades que nos llevan a la esencia. Sin embargo, las esencias se nos oscureces muchas veces porque solicitamos y de cierta forma demandamos un “único orden lógico”. Si bien es cierto que el recorrido hacia el ser no es único también debemos aclarar que no es infinito. La búsqueda de la esencia del ser nos remite a su principal forma: sustancia. Esta búsqueda nos orienta hacia donde todo tiende.

El ser sí es una unidad, que existe y que se manifiesta, que es causa y que es pensamiento. El ser se expresa de tantas formas que hallar la individualidad de su esencia se ha hecho una tarea casi imposible. Sin embargo se hace posible si vemos más allá del individuo y buscamos en la especie/género su esencia. Las múltiples formas del ser tienden a un punto en común, tienden a la esencia. Encontrar las esencias es la tarea que nos ocupa, es la que nos ayuda a revelar a un ser y que a mayor escala logrará ayudarnos a encontrarle explicación al ser en cuanto tal.


Si todas las cosas que existen son, el ser de todas estas cosas no se resume a únicamente las categorías que identifican de lo que está compuesto el ser. La Filosofía Primera, es para el ser, un canal por el cual se pueden transmitir nociones que nos encaminan hacia el ser en cuanto tal. Este canal tiene muchas rutas por las que se puede recorrer el camino, estas rutas se entrelazan y se relacionan pero no son infinitas. Unas rutas no son más correctas que otras, las rutas van hacia un mismo lugar, de la misma forma las categorías no son unas más correctas que otras, todas tienden hacia la esencia.