Texto 4º: El Sofista o del Ser – Platón: Verdad, apariencia y no-ser.
Existe
una clara intención en Platón por plasmar su logos en la constitución del diálogo. Esto es, como estrategia
discursiva, ya a sea en la elección de interlocutores o el intercambio de
oradores[1],
por ejemplo. Estos detalles significan de cierta manera el tema o tópico a
ahondar, y que moviliza lo dialogado con matices respectivos. Para éste hay una
cuestión a responder: ¿quién, o qué,
es el Sofista? La pregunta surge de la típica argumentación homérica[2] por
parte de Sócrates, que al presentarse Teodoro con el Extranjero, le hace saber
que quien lo acompaña es “todo un filósofo”. Es en este punto donde se coloca
el cuestionamiento por la apariencia
que él (Teodoro) ha legado a Sócrates sobre su acompañante, el Extranjero. A lo
que Sócrates opta por dejarlo tomar el micrófono.
Deja
en duda y comparación (dialéctica) que tanto político, sofista y filósofo aparentan
cierta unidad en cuanto a sus conocimientos. No obstante, se argumenta lo
siguiente: ¿cuáles son las intenciones particulares, o sea, sus pretensiones
individuales? ¿Qué los divide en “especies” diferentes? Y más específicamente:
¿qué son, en esencia, cada uno?
Partiendo del “pequeño modelo” que es el ejemplo del pescador, intencionalmente el Extranjero si inserta a la
dilucidación dialéctica-lógica-argumentativa[3] sobre
las técnicas que corresponden a éste.
Para así, hacer una analogía crítica sobre las técnicas de las que se vale el sofista[4].
El problema en el cual el Extranjero encuentra la pregunta por el ser, es aproximándose a la inversa:
¿cómo es posible que lo que el
Sofista parece –y entrega como tal– en realidad sea? Este cuestionamiento está orientado a argumentar aquella
atávica prohibición parmenídea, y plantear la consideración nociva del no-ser (relativo)
como posibilidad de existencia. Y, en ello, otro camino hacia la verdad. Aquí
es donde Platón, y su “Teoría de las Formas”, se filtran en boca del
Extranjero; haciéndole ver a Teeteto que es casi imposible concebir, articular
o si quiera imaginar la nada sin el
correlato del ser.
Por
ello he resaltado en el titulo éstos tres conceptos: verdad, apariencia y no-ser. La importancia de disponer de ellos a
lo largo del texto para su comprensión. El filósofo (y en el caso específico de
Sócrates) en cuanto a su apariencia, en su intervención especulativa a los
interlocutores, permanece en una búsqueda inacabable por la verdad, en hacerle
su justicia respectiva. O véase el arte mágico, prodigioso y fantasmagórico de
la purificación sofistica. La cual no
plantea búsqueda alguna, sino que aparenta posesión de conocimiento. Y en ello,
la justificación de sus especulaciones, que más parecen absolutos que se dicen
rebozar de verdad. Recuérdese cómo Protágoras dijo en su momento el famoso: el hombre es la medida de todas las cosas.
Empero ambos necesitan ser reconocidos de manera particular (filósofo y
sofista); aunque también comparten de cierto no-ser relativo. Cuando Platón, por medio del Extranjero, habla
sobre la existencia de un no-ser, se enfoca en distinguir la apariencia de la
que se vale el sofista para construir imágenes. Estas cual sombras que se
proyectan. El que-hacer del filósofo, para Platón, es el dejar que la luz del
sol (la virtud) sea el productor de las imágenes, o sea, las formas que, aun
así, no son presentación de la verdad en sí. Ya dijo bien Sócrates que hay que parirla por medio del dialogo.
La
complicación sobre este punto se ve al momento en que el Extranjero intenta
hacer entender a Teeteto que es imposible pensar en la nada en general, sin
estar está asociada a cosa alguna. A
lo que se toman en consideración los siguientes conceptos metafísicos
pre-socráticos: ser, reposo y movimiento. Y en esto se evidencian tres
dimensiones interactivas, operando en su función respectiva. Pareciese que
Platón intenta realizar una síntesis de estos conceptos en este dialogo. Una
especie de actualización, al conjugar su argumento sobre de lo “Uno” y lo “Múltiple”.
Pero es de esta manera que se hace visible la rigurosa y ardua empresa a la que
se empecina el filósofo al lanzarse a intento por abrazar el ser. Por cuanto
sus razonamientos intentan rodearlo. Para que, como producto, la verdad surja
cual acto orgánico de discurso intercambiado, razonamientos periféricos en la
conceptualización del ser. El Extranjero quiere encarnar la tarea dialéctica
del “filosofo” que Platón ve idóneo. Incluso resulta irónico de su parte el no
reconocer ni por nombre o categorización del Extranjero. Nomás nos dice de él aquella frase aparente,
de que éste es “todo un filósofo”. Para nada es un accidente
narrativo-discurso, sino que considero aquí una exhortación de su parte al
lector para preguntarse quizá ¿será el
Extranjero un filósofo? Para lo cual dejamos la incógnita…
[1] Como en este caso: Sócrates le
concede la palabra al “Extranjero” de Elea.
[2] Me refiero a la ironía de
Sócrates en algunos diálogos, cuando cuestiona el carácter certero de la vida
mediante citas de Homero. Esto me lleva a algunas preguntas, quizá innecesarias,
para éste: ¿extranjero que se recibe al estilo Telémaco o Ulises? O, ¿será un
extranjero al pensar de sus adláteres eleatas Parménides y Zenón?
[3] Este manejo dialectico es el método de la división.
[4] Parafraseando: cazador y
disputador privado de animales domésticos en la producción de simulaciones,
capaz de perpetuar el ingreso capital personal a cambio de ilusiones